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miércoles, 12 de agosto de 2020

MIR: 55 AÑOS JUNTO AL PUEBLO, HACIENDO CONCIENCIA Y LUCHANDO POR LA REVOLUCION – Parte III



  
“El MIR se organiza para ser la vanguardia marxista-leninista de la clase obrera y capas oprimidas de Chile que buscan la emancipación nacional y social. (…) se considera (…) heredero de las tradiciones revolucionarias chilenas y el continuador de la trayectoria socialista de Luis Emilio Recabarren (…). [Su] finalidad es el derrocamiento del sistema capitalista y su reemplazo por un gobierno de obreros y campesinos, dirigidos por los órganos del poder proletario, cuya tarea será construir el socialismo (…). La destrucción del capitalismo implica un enfrentamiento revolucionario de las clases antagónicas” –Declaración de Principios del MIR, 15 de agosto de 1965
                                                              

El Congreso de Unidad Revolucionaria y nacimiento del MIR: 14 y 15 de agosto de 1965

Si bien la historia del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR tiene como fecha de inicio cronológico el 15 de agosto de 1965, en que se oficializa su constitución ante el movimiento popular y la opinión pública chilena, es importante subrayar que su origen no es el producto de una situación específica o del actuar de hombres aislados. A la formación de ésta inédita organización revolucionaria le antecede un proceso de desarrollo y decantación ideológica, práctica política y reagrupamientos que confluyen en un momento histórico concreto a la constitución de la misma y que intentamos resumir antes.

Miguel y otros jóvenes rebeldes, desde la revista Vanguardia, fueron activos convocantes de sectores y militantes revolucionarios a fin que participaran en el Congreso de Unidad Revolucionaria que se realizaría en Santiago, el 14 y 15 de agosto de 1965, y cuya Comisión Organizadora era dirigida por el destacado líder sindical Clotario Blest. Asimismo, representantes de Vanguardia Revolucionaria Marxista-Rebelde VRM-R (El Rebelde Nº 31) y del Partido Socialista Popular PSP llamaban el mes anterior a constituir el, "partido unido de las fuerzas revolucionarias".  

El Congreso Constituyente se realiza los días mencionados, en un local de la Federación del Cuero y Calzado -con influencia de compañeros anarquistas del grupo "Libertario", encabezado por el también dirigente nacional de la CUT Ernesto Miranda- ubicado en calle San Francisco Nº 269. Asisten cerca de 90 delegados de diversos lugares del país (los de la zona norte no pudieron llegar por problemas de locomoción), la gran mayoría procede de Santiago y Concepción. Estos últimos viajaron durante toda la noche anterior en una destartalada "micro" de recorrido local penquista; las peripecias en el camino les hicieron llegar tarde.

L@s asistentes representaban a diversas organizaciones políticas y sociales de la izquierda revolucionaria: VRM-R, donde destacaban los tres Enríquez Espinosa, el Bauchi, Luciano, ‘Bombita’, Andrés Pascal Allende, el Trotsko Fuentes, etc.; el Partido Socialista Popular PSP, integrado fundamentalmente por sectores trotskistas; cuadros del movimiento sindical clasista con Clotario a la cabeza, pero donde también destacaban Humberto Valenzuela y Herminia Concha; un grupo escindido del PSR, liderado por Norman Gamboa y Patricio Figueroa; compañer@s desligad@s de los Partidos Comunista y Socialista; y vari@s independientes. Con todo, el MIR no llegaba a representar a más de medio millar de militantes. Pero la importancia de su fundación no estuvo en el número, sino en el hecho de que logró dar respuesta a la necesidad histórica de contar con una propuesta revolucionaria coherente y fue el primer paso de una dinámica de confluencia política que perduró y se extiende –con las vicisitudes conocidas por tod@s- por más de 5 décadas.    

Se eligió un Comité Central de 21 integrantes, cupos que estaban predefinidos antes del congreso: las dos principales organizaciones convocantes (VRM-R y el PSP) tendrían 10 miembros cada una, más la inclusión de Clotario Blest. Este Comité estuvo integrado, entre otros, por Clotario Blest, Humberto Valenzuela, Luis Vitale, Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Dantón Chelén, Miguel Enríquez, Bautista van Schouwen, Edgardo Condeza, Jorge Cereceda, Martín Salas, el “Pelao” Zapata, Luciano Cruz, Mario Lobos y Mondiola. Posteriormente, el CC eligió como Secretario General al compañero Enrique Sepúlveda. En tanto, el Secretariado Nacional quedó integrado por Sepúlveda, Smirnow, Chelén, Waiss y Valenzuela.

Se aprobó una Declaración de Principios, cuyo borrador fue redactado por Luis Vitale; un Programa estratégico y coyuntural de lucha, propuesto por Clotario Blest, el PSP y VRM; unas bases de organización y estructura interna del MIR y una Tesis Insurreccional, redactada por Miguel y Marco Antonio Enríquez y leída por Miguel, hecho inédito en la historia de los partidos de la izquierda chilena, pues en ninguno de sus congresos fue aprobada jamás una tesis insurreccional. En dichas tesis se reivindicaban las formas armadas e insurreccionales como un camino de lucha necesario para derrocar el poder burgués en nuestra formación social.

La Declaración de Principios tuvo aspectos teóricos y programáticos tan trascendentes que aun después de 55 años mantienen vigencia, a contracorriente de las posteriores fracciones ‘renovadas’ y de los que en un tono triunfalista –pero efímero- proclaman la obsolescencia del marxismo y hasta de la lucha de clases, aparentando ignorar que bajo el dominio del capital monopólico-financiero las desigualdades sociales son más agudas que en los ‘buenos’ tiempos del capitalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial o del ‘Estado de compromiso’.

La novel organización levantó una concepción programática y estratégica revolucionaria que se diferenció radicalmente de las concepciones vigentes en la Izquierda tradicional. Se caracterizó a Chile como “un país semicolonial, de desarrollo capitalista atrasado, desigual y combinado”, lo que más adelante se enriqueció con la concepción del “capitalismo dependiente”, pero que desde los 90 sería corregida y actualizada por los aportes de las teorías posestructuralistas. Se constató que la inexistencia de una burguesía nacional progresista hacía recaer en la alianza de los obreros, los campesinos y los sectores medios empobrecidos la lucha por las tareas democráticas, la reforma agraria y los objetivos antiimperialistas, para avanzar en un proceso ininterrumpido y simultáneo en las tareas socialistas de la revolución. Se esclarecía que este programa sólo podría realizarse derrocando el gobierno de la burguesía, liquidando su aparato estatal y represivo, y reemplazando el poder burgués por una democracia proletaria directa sustentada en los órganos de poder y las milicias armadas de obreros y campesinos. Se reiteró la necesidad de construir una vanguardia revolucionaria que condujera la lucha, la que se concibió como un partido marxista-leninista organizado según los principios del centralismo democrático.

Complementando lo anterior, el programa para Chile planteaba: a) Nacionalización sin indemnización de las empresas de cobre, salitre, hierro, electricidad, teléfonos, bancos y grandes casas comerciales; b) Ruptura de los pactos que nos atan al imperialismo; c) Desconocimiento de la Deuda externa; d) Revolución Agraria; e) reivindicaciones coyunturales para los explotados y oprimidos y un diseño de sociedad socialista alternativa.

Finalmente, la asamblea de representantes señaló el carácter internacional de los procesos revolucionarios. Respecto de esto, poco después, en la revista Estrategia, que serviría como medio de difusión político-ideológica del MIR (Nº 1, noviembre de 1965), se establecería que: “cuatro rasgos esenciales caracterizan la actual situación Latinoamericana”. Estos tenían que ver con: a) el cambio de táctica del imperialismo Yanqui, el que –al carecer de recursos suficientes- cambiaría su política de “Alianza para el Progreso” por los golpes militares para contener los procesos revolucionarios, lo que dejaría en la estacada a los reformistas y nacionalistas y su camino electoral y pacífico; b) la crisis de los gobiernos “constitucionales”, que luego del Golpe de Brasil –del 64- mostraba que las burguesías del subcontinente no estaban dispuestas a gobiernos “populares”, que despertaban peligrosos anhelos en los sectores populares; c) el progreso del movimiento insurreccional y guerrillero, que se consolidaba desde el ejemplo cubano hasta Perú, se enraizaban en el campesinado y asumía las experiencias de las revoluciones china, argelina y africanas; y d) destaca la formación de movimientos revolucionarios de nuevo tipo durante el último lustro, lo que abría la posibilidad real, “de superar la crisis de dirección del proletariado latinoamericano”, y añadía, “La Revolución Cubana provocó la crisis de los partidos tradicionales de la clase obrera (PC y PS) y de los movimientos nacionalistas burgueses y pequeño-burgueses”, siendo la prueba de ello que la gran mayoría de los movimientos insurreccionales de entonces escapaban al control de estos.  

Pese al ánimo unitario y democrático de éste Congreso fundacional, se hicieron notar en las discusiones y hasta en los acuerdos conseguidos las diferencias entre grupos políticos con historias distintas y de diferentes generaciones. Ya entonces se podían distinguir dos sectores, como lo apuntara Miguel años después (“Algunos Antecedentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria; 1965/1971”, 1971):

a) Uno Tradicional, de la ‘vieja’ generación: trotskistas de 1938, comunistas marginados de 1946, grupos trotskistas disidentes de 1952, comunistas disidentes de 1957, etc. Grupo minoritario, pero que logró la mayoría de las direcciones de la organización;

b) Otro No tradicional, de la ‘nueva’ generación: marginados de las Juventudes Comunistas de 1962 en adelante, influidos por el conflicto chino-soviético, y disidentes de las Juventudes Socialistas de 1963 por la “derechización” de la campaña de Allende de 1964. Este último grupo era el más numeroso, predominantemente de la ciudad de Concepción, y su líder era Miguel Enríquez, Viriato, entonces estudiante de medicina de la Universidad de Concepción, que brillaba por su gran capacidad político-ideológica, su carisma y arrojo político. Sólo desde 1967, los ‘no tradicionales’ lograrían constituir la mayor parte de la Dirección Nacional.

Con todo, la generación que asumió inicialmente la conducción del MIR cumplió con la valiosa tarea de mantener viva por décadas la memoria de las experiencias y concepciones revolucionarias acumuladas por el movimiento popular chileno, y traspasarlas a la nueva generación. Pero también fue una generación que, salvo algunas excepciones, no logró superar los estilos de una militancia extremadamente ideologizada y sectaria. En teoría reconocían la necesidad de lucha insurreccional, pero en la práctica no empujaban el desarrollo de las tareas insurgentes justificándose en que había que esperar a que las masas se levantaran pues de lo contrario caeríamos en una desviación “foquista”. Tampoco impulsaban el accionar directo de masas. Criticaban el institucionalismo reformista, pero terminaban subordinándose a sus campañas electorales.   

El MIR, como se ha dicho, fue la creación de numerosas organizaciones, de larga trayectoria en el movimiento sindical, juvenil y poblacional, a través de un proceso de discusión y acciones comunes que duró varios lustros. Como prueba de la síntesis política alcanzada digamos que el MIR, 15 días después de su fundación, llevó más de 25 delegados al IV Congreso Nacional de la CUT, efectuado el 30 de agosto de 1965, los cuales presentaron un programa de lucha clasista y rupturista. Añadamos que para conformar su primer Comité Central fueron electos compañeros como Clotario Blest, 9 años presidente de la CUT y primer y único Partido en el que militó, y Humberto Valenzuela, un gran dirigente de los obreros municipales de Chile.

Mientras la vieja generación terminaba de conformar el armado orgánico y las propuestas generales del MIR, la nueva generación mirista se volcaba, con el entusiasmo propio de l@s jóvenes, a prepararse para la lucha armada, impulsar la movilización estudiantil, vincularse a las organizaciones sociales populares, y ganar más jóvenes para la causa revolucionaria. Pocos años después, est@s jóvenes, con una mayor praxis revolucionaria en sus cuerpos y una acendrada y radicalizada conciencia clasista, pasarían a tomar las riendas del proyecto político revolucionario encarnado por el MIR.


Movimiento de Izquierda Revolucionaria
MIR

miércoles, 5 de agosto de 2020

PRELUDIO A LA FUNDACIÓN DEL MIR: Periodo 1961-1965 POR LUIS VITALE.


MIR DE CHILE: No sólo lucha inclaudicable contra el poder de los ricos, sino que aporte a la Teoría de la Revolución chilena.  La lucha continúa.

Cercanos ya a cumplir 55 años como Organización Política, se vuelve imprescindible que la Militancia vuelva su mirada no sólo hacía lo que fue el Congreso de Fundación del MIR (efectuado en la calle San Francisco N° 269, local facilitado por el anarquista Ernesto Miranda y en donde se aprobó el borrador de Declaración de Principios redactada por Luis Vitale), sino que al contexto histórico previo que permitió la creación de un instrumento político que señaló su disposición de realizar, fuera de la vía electoral, la Revolución Social de carácter Socialista en Chile.

Trotskistas, anarquistas, sindicalistas, estudiantes, pobladores, sectores descontentos del Partido Socialista y del Partido Comunista, fue el sustrato que permitió fundar el MIR. 

El Chile actual es distinto, qué duda cabe, a lo que era a mediados de los ’60 e incluso después de 1990.  Recordemos que entre la última fecha señalada y el 17 de octubre de 2019 los intentos de cuestionamiento y de superación de la dictadura del capital, ahora revestida de civiles, el Movimiento Popular sólo era una expresión difusa, con un avance desigual, heterogéneo y combinado, con manifestaciones parceladas, fragmentadas, casi testimoniales, hasta que llegó el 18 de octubre de 2019 en donde se produce un salto cualitativo que se mantiene pese a la pandemia debida al corona virus.

En el Chile actual, las expresiones del nuevo poder que se está gestando, se constituye en las Asambleas Populares y en las Asambleas Territoriales, órganos que encauzan la rabia y el descontento, que están articulando su programa, su táctica y estrategia.  En esta nueva caminata por la emancipación humana y social el MIR, los Miristas, el Pueblo y Cultura Mirista, sólo deben contribuir a su fortalecimiento y no buscar su control o hegemonía.  Recordemos que el propio Miguel señalaba en su momento que (en el Chile pretérito) las tomas de fábricas, de fundos, las corridas de cercos, no fueron inventadas por el MIR, que el MIR las potenció, alentó y desplego, después, debido a la decisión política tomada desde el 15 de agosto de 1965.

Por otro lado, es necesario que se vuelva a una clara política de formación política entre la Militancia.  Ya no bastan los relatos personales, ya no cuadran las narraciones latas que se realizan en cada encuentro.  Las jinetas, como siempre, se ganan aquí y ahora.  Lo fundamental es retomar la senda del estudio, de la lectura comprensiva, del análisis de situación política y en ese plano felicitamos al Círculo de Estudios Políticos Miguel Cabrera Fernández, que recuerda al querido Compañero Paine, que está realizando un claro aporte a la comprensión de la coyuntura, alertando, por ejemplo, en su momento, el verdadero carácter que tuvo el retiro del 10% desde los fondos previsionales.

Se dice que la derrota militar se puede superar.  Se sabe que la derrota ideológica es insuperable.

En lo personal, quien escribe esta reseña, recuerda que a sus 9 años, el Compañero Flaco Barra (o también llamado Alejandro, Toño, Alejo, Pepé), le dio a leer el Tomo I de la Interpretación marxista de la Historia de Chile.  Fue el incentivo, hecho a tiempo, para comenzar a leer el maravilloso continente de la Teoría que se debe construir y que se está construyendo.

Las negritas y subrayados en el texto del Compañero Vitale corren por nuestra cuenta.

BRIGADA DE PROPAGANDA MIR LUIS ALBERTO BARRA GARCÍA.
Agosto 05 de 2020.
PORQUE EN CADA AGOSTO RENACE LA ESPERANZA.


“Contribución a la H I S T O R I A DEL M I R. (1965 - 1970) por Luis Vitale[1]. Investigador-testigo de época Ed. Instituto de Investigación de Movimientos Sociales "Pedro Vuskovic" Santiago, 1999


Capítulo I

El proceso de unidad revolucionaria (1961-1965)

El proceso de unidad revolucionaria (1961-1965) Este proceso se dio en un contexto internacional-latinoamericano y nacional, que estimuló la formación de organizaciones revolucionarias, alternativas a la política de la izquierda tradicional. El hecho más trascendental fue el impacto de la Revolución Cubana, la primera revolución socialista triunfante no sólo de América Latina sino también del Hemisferio Occidental. En esa misma década se consolidó el proceso de transición al socialismo en China, influenciando sobre todo a la juventud latinoamericana con el llamado de Mao-tsé-Tung a que "florezcan cien flores" en la estrategia por la toma del poder, como asimismo las repercusiones de la "revolución cultural". También ejerció influencia en nuestra América el avance de la revolución anticolonial en África, especialmente en Argelia, y en Asia, sobre por los primeros éxitos de la lucha guerrillera en Vietnam y otras partes de la península Indochina.

Las movilizaciones de los trabajadores latinoamericanos y las acciones de los primeros movimientos guerrilleros, bajo el influjo de la Revolución Cubana, impactaron fuertemente a los grupos revolucionarios de Chile tanto por su coraje y decisión como por sus frustradas experiencias foquistas de lucha armada, con excepción del movimiento de Yon Sosa en Guatemala y de Hugo Blanco en Perú que trataron de superar la concepción del "foco", combinando las acciones armadas con un trabajo social en profundidad en el campesinado y los pueblos originarios.

El contexto chileno de ascenso popular -influenciado por estos sucesos de la contemporaneidad, que vivió la anterior generación y la de Miguel- estimuló una salida revolucionaria de otro tipo en Chile durante el gobierno autoritario del representante de "los gerentes: Jorge Alessandri, y de las expectativas despertadas en centenares de miles de obreros y campesinos por las promesas del flamante gobierno reformista de la DC y de su presidente Eduardo Frei.

Jóvenes chilenos pudieron haberse enmontañado sin base social, como otros hermanos latinoamericanos, abrir un foco guerrillero y morir heroicamente, pero sin incidir en el conjunto de los explotados. La aguda coyuntura de lucha de clases chilena, en brazos del ascenso popular, hizo surgir organizaciones y tendencias revolucionarias, fuera y dentro de los partidos de la izquierda tradicional.

El primer paso hacia la unidad de las fuerzas revolucionarias lo dio el presidente de la CUT, Clotario Blest, al formar el M3N -sigla surgida a raíz del gran Paro general y la Concentración del 3 de noviembre de 1960 de cerca de 50.000 personas en Plaza Artesanos. Su manifiesto-saludo a los trabajadores decía: "El M3N es un movimiento revolucionario que tiene por finalidad orientar las luchas hacia la transformación sustancial del sistema capitalista por un régimen revolucionario dirigido por los trabajadores. Rechaza toda teoría de colaboración de clases que a través de la vía pacífica se pueda derrocar a la burguesía. El M3N sólo confía en la movilización del pueblo para alcanzar el poder para los trabajadores (...) El M3N no es un nuevo partido político, ni tampoco es anti-partido; es un Movimiento que tratará de reagrupar a todos los revolucionarios del país, sin distinción de tendencias (...)Lucha por el fortalecimiento de la CUT y su unidad. 1961 debe ser el año en que la CUT presente una batalla o Huelga General por los reajustes en que intervengan obreros, campesinos y empleados del sector público y privado. Así, en su 8º aniversario, la CUT podrá quebrarle la mano al gobierno derechista de Alessandri y abrir la perspectiva para cumplir con sus postulados señalados en su Congreso Constituyente de 1953: luchar por la transformación revolucionaria del actual régimen capitalista".

En su programa, el M3N proponía: "Nueva Constitución del Estado, surgida de una Asamblea Constituyente del Pueblo, Reforma Agraria Integral, Reforma Urbana, Abolición de los monopolios capitalistas y expropiación de las empresas imperialistas, Expropiación de los Bancos particulares, de las fábricas y gran comercio y administración de las mismas por los trabajadores, Dirección y Administración de la economía del país por los Consejos de Obreros y Campesinos, Defensa activa de la Revolución Cubana".  Anótese que estos puntos programáticos constituyeron la base política del proceso de unificación revolucionaria que culminó en el MIR cuatro años después.

Clotario organizó el M3N de una manera especial: un sector con apertura pública y otro clandestino, integrado por socialistas de izquierda de la CUT, de Federaciones y de sindicatos de base, agrupados en grupos concéntricos de a 5 personas, pero secretos, con el fin de que unos socialistas no tuvieran conocimientos de otros de su partido integrados al M3N. De esa manera, Clotario se aseguraba la mayoría en la CUT.

Por ejemplo, en un Consejo de Federaciones que se realizó a fines de diciembre de 1960 -al cual asistí en mi calidad de dirigente nacional de la CUT- se aceptó la moción Blest de votar no a mano alzada sino en forma secreta la preparación de una Huelga General, con la oposición del PC, el PR y la DC. Contados los votos dieron una leve mayoría a la proposición Blest. Sorpresa, silencio en la sala y luego cuchicheos; sindicalistas del PC salieron a buscar a sus dirigentes políticos, al igual que unos pocos socialistas. Prestos vinieron sus Secretarios Generales. El del PC increpó al del PS, diciéndole que no había cumplido el acuerdo de ordenar a sus sindicalistas votar contra la Huelga General. El del PS le respondió tajantemente que sí... ¿y entonces? La explicación estaba en que los socialistas de izquierda de la CUT -adherentes secretos del M3N- votaron bajo la orientación de Julio Benítez a favor de la Huelga, desobedeciendo la orden de su partido. El plan orgánico de Clotario iba funcionando bien, hasta que un día se le ocurrió invitar a incorporarse al M3N a un dirigente socialista de la CUT, que era hombre de confianza del máximo dirigente del PS, Raúl Ampuero, quien pronto llamó al orden a los sindicalistas más izquierdistas de su partido.

Precisamente, ese año Miguel y el Bauchi (Bautista van Schouwen) y otros ingresaron a la Juventud Socialista, mientras Luciano Cruz Aguayo preparaba su ruptura con el PC. A su vez, Marco Antonio era elegido vocal de la FEC y poco después levantado por Miguel -que ya había iniciado su carrera de Medicina- como Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. Marco Antonio se convirtió entonces no sólo en el principal maestro político de Miguel y el Bauchi, sino también en el creador de una tendencia estudiantil revolucionaria que abrió el camino para el ulterior triunfo de Luciano a la presidencia de la FEC.

Mientras tanto, Miguel y compañeros de Concepción, Santiago, Puerto Montt y otras provincias preparaban la escisión de la Juventud Socialista, hecho que se formalizó en el Congreso de 1964. El liderazgo de Miguel se reforzó a raíz de su valiente polémica con Robert Kennedy, de visita en Concepción. Entonces fue contactado por compañeros de Santiago que estaban estructurando el ERTE (Ejército Revolucionario de Trabajadores y Estudiantes). El "pelao" Zapata y el Chipo lograron incorporar a Miguel en este proyecto, alentado por una tendencia trotskista, el PRT, que luego se integró a la VRM (Vanguardia Revolucionaria Marxista), liderada por el Dr. Enrique Sepúlveda.

De este modo, Miguel, el Bauchi y Luciano se integraron al proceso de unidad revolucionaria que se estaba dando entre VRM y el PSP desde 1964, proceso que condujo al Congreso de Fundación del MIR el 15 de agosto de 1965. Está probado con documentos de la época, y demostrado, en la práctica política, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción, mito levantado en el exilio por dirigentes miristas de la FEC, después de la muerte de Miguel, quien en vida jamás dijo semejante aberración, pues conocía por dentro el largo y madurado proceso de unificación de 8 organizaciones.

Este proceso de unificación se fue gestando, bajo la iniciativa de Clotario Blest, primero a través de la creación del Movimiento de Fuerzas Revolucionarias en 1961, integrado básicamente por obreros sindicalizados; el grupo Libertario liderado por Ernesto Miranda, dirigente Nacional de la CUT y de la Federación del Cuero y Calzado; un sector escindido de la Juventud Radical, encabezado por Julio Stuardo, creador del Movimiento Social Progresista; el Partido Obrero Revolucionario y trabajadores sin partido.

Dos años más tarde, varias organizaciones se reagruparon para constituir el Partido Socialista Popular, en cuyo Congreso de Fundación (1963) participaron: el POR, un sector del MIDI (Movimiento de Independientes de Izquierda, allendista, dirigido por el Dr. Enrique Reyes), militantes del movimiento de pobladores orientados por Víctor Toro, jóvenes de Santiago escindidos del PS, la OSI (Organización Socialista de Izquierda, nucleada por Gonzalo Villalón); la revista "Polémica", dirigida por Tito Stefoni; la mayoría del Comité Regional Coquimbo del PS, encabezado por su secretario general, Mario Lobos; gran parte del Comité Regional del PS de Talca y núcleos socialistas de base de la zona sur, de Linares a Puerto Montt. Como secretario general del PSP fue elegido el trotskista Humberto Valenzuela, dirigente nacional de los Obreros Municipales. Su periódico oficial: "La Chispa", cuyo director fue Dantón Chelén, luego de su ruptura con el PS.

Paralelamente se fueron unificando fuerzas en Vanguardia Revolucionaria Marxista, entre ellas la mayoría de la Vanguardia Nacional del Pueblo, liderada por Enrique Sepúlveda, sectores disidentes del PC, que años antes había formado el MRA (Movimiento de Resistencia Antiimperialista) dirigido por Luis Reinoso, Benjamín Cares, J. Pilowsky, Ernesto Benado y Martín Salas; en 1963 se integró el PRT (Partido Revolucionario Trotskista), orientado por Jorge Cereceda, y en 1964 el MRC (Movimiento Revolucionario Comunista, escindido de la Juventud Comunista, orientado por Gabriel Smirnow). A la VRM se integraron en 1964 Miguel, el Bauchi, Marco Antonio y otros estudiantes de Concepción.

A este proceso de unificación, uno de los pocos investigadores del tema, Carlos Sandoval, lo denomina "Prehistoria", tomando este concepto de la clasificación tradicional de los historiadores europeos de la Historia Universal que estimaban que la historia comenzó con la escritura, colocando equivocadamente el prefijo "pre", sin advertir que todo es historia a partir de la aparición de los primeros seres humanos y de su contacto con la naturaleza. Nadie puede negar que nuestros Pueblos Originarios hicieron historia; bastaría con señalar un sólo ejemplo: la invención del número cero por los mayas, siglos antes que los europeos, cuando éstos ya tenían la escritura.

No corresponde caracterizar de "prehistoria" al proceso de unificación de la izquierda revolucionaria (1961-1965) por varias razones: a) porque los principales fundadores del MIR fueron los mismos que lideraron los diversas organizaciones que dieron nacimiento al Movimiento de Izquierda Revolucionaria; b) porque el carácter Socialista de la Revolución, la necesidad de la lucha armada e insurreccional para la toma del poder y el programa del Congreso de Fundación del MIR se basó en los programas que tenían el POR, el PRT, VRM y PSP, que muchos años antes hacían uso de la "escritura" y de acciones relevantes en el movimiento obrero; c) porque los principales dirigentes sindicales y del movimiento de Pobladores que asistieron al Congreso de Fundación, provenientes de las anteriores organizaciones citadas, fueron los mismos que tuvo el MIR en sus comienzos; d) porque el periódico "El Rebelde" se editaba por la VRM varios años antes de que el MIR lo adoptara como su órgano oficial, haciendo uso obviamente de la "escritura". Nos permitimos hacer estas aclaraciones no sólo para demostrar que antes del MIR las organizaciones mencionadas ya hacían historia, sino porque Sandoval sólo menciona como referencia teórico-política a VRM en su libro, páginas 7 a 12.

Todos las organizaciones que confluyeron en el PSP y VRM se autodisolveron con la decisión de constituir un solo partido de la revolución. Con este objetivo central se convocó al Congreso de Fundación del MIR. Queda así demostrado, con documentos de la época, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción sino por las numerosas organizaciones citadas, de larga trayectoria en el movimiento sindical y poblacional, a través de un proceso de discusión y acciones comunes que duró 4 años, de 1961 a 1965. Como prueba irrefutable podemos decir que el MIR, 15 días después de su fundación, llevó más de 25 delegados al IV Congreso Nacional de la CUT, efectuado el 30 de agosto de 1965. La conclusión es obvia: es imposible que un grupo de estudiantes de Concepción pudiera haber elegido más de 25 delegados obreros entre el 15 y 30 de agosto, que presentaron un programa de lucha que sólo pueden elaborado por trabajadores experimentados, como consta en el documento que obra en nuestro poder.

Cabe destacar que Andrés Pascal A. fue el único en reconocer oficialmente en 1986 en un documento interno del MIR, elaborado en Buenos Aires, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción sino por un proceso previo de unificación de varias organizaciones revolucionarias.

Por lo demás bastaría con señalar que en el Congreso de Fundación del MIR fueron elegidos al Comité Central personas como Clotario Blest (9 años presidente de la CUT y primer y único Partido en el que militó) y Humberto Valenzuela, candidato obrero a la Presidencia de Chile en 1942, para demostrar rotundamente que el MIR no fue fundado por un grupo de estudiantes de Concepción. No obstante, Sandoval coloca en su libro, al final del capítulo sobre los fundadores del MIR, solamente las fotos de estudiantes de Concepción, no por azar sino porque sabe que la imagen refuerza los mitos.””

domingo, 20 de enero de 2019

UN POCO DE HISTORIA: EL ANARQUISMO EN LOS ORÍGENES DEL MIR Y LAS BRIGADAS DEL PUEBLO


EL ANARQUISMO EN LOS ORÍGENES DEL MIR Y LAS BRIGADAS DEL PUEBLO

Por Felipe Del Solar y Andrés Pérez

Algunos antecedentes libertarios en la fundación y desarrollo del MIR

Hablando de las influencias del Anarquismo en el Chile de los años ´60 se puede reconocer la vasta experiencia organizativa que había en el sector gremial, en donde núcleos anarquistas impulsaron la creación de frentes revolucionarios insurgentes. “Dichas orgánicas tuvieron un nexo más directo con los grupos que confluyeron en el MIR durante su primer congreso. Prueba clara de ello es la realización de este evento, en la sede del sindicato del cuero y calzado, en manos del anarcosindicalista Ernesto Miranda.”[1]

Clotario Blest, histórico referente sindicalista y anarquista-cristiano chileno llegará a formar el Movimiento 3 de Noviembre (M3N) en 1961. El M3N si bien tenía participación en la Central Única de Trabajadores (CUT), actuaba con el fin de articular con organizaciones de la izquierda revolucionaria.

Clotario Blest llegará a formar por un lado el “Comité de solidaridad con la Revolución Cubana” y la “Asociación de apoyo a la Revolución China”. Por el otro fundará junto a un grupo de anarquistas, anarcosindicalistas, trotskistas, maoístas, socialistas y comunistas disidentes el Movimiento de Fuerzas Revolucionarias (MFR). Una de las organizaciones políticas que impulsaban el MFR era la del dirigente del calzado Ernesto Miranda, el Movimiento Libertario 7 de Julio.[2]

Dentro del MFR empezaron a hacerse visibles las diferencias sobre la estrategia revolucionaria y se constituyeron dos tendencias internas: una que impulsaba el apoyo a la candidatura de Allende representada por trotskistas, socialistas y comunistas disidentes entre otros; la otra tendencia se abstuvo a cualquier apoyo electoral y estaba conformada por sectores anarquistas, maoístas y algunos comunistas independientes.