viernes, 7 de agosto de 2020

MITOS Y LEYENDAS: ¿FASCISMO, NEOLIBERALISMO, CLASE MEDIA, EL VOTO SIRVE PARA OPINAR?


¿FASCISMO EN CHILE? ¿O SE DEBE INVESTIGAR UN POQUITO MAS?


 “Durante casi un siglo, la filosofía universitaria ha cubierto a Marx con la tierra del silencio, que es la tierra de los cadáveres” –Althusser


Las famosas palabras, los conceptos:


La ciencia es ciencia de la ideología nos dice el filósofo francés Althusser y gracias a Marx sabemos que la ideología dominante de una época es la ideología de la clase dominante.


 Es impresionante como en Chile debido a la refundación social capitalista perfilada desde fines de 1974, que cristaliza desde 1990, profundizándose hasta el momento, se olvida el pasado y se comienzan a repetir falsas caracterizaciones, que sólo fueron concebidas, por un partido política que en algún minuto fue de Izquierda, es decir, el Partido Comunista, para generar una alianza política con el Partido Demócrata Cristiano PDC, alianza que se logró en 2010.


Nos referimos al concepto de “fascismo”.  Recordemos que fue el Partido Comunista quien luego del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 comenzó a hablar de la dictadura militar como una dictadura “fascista” levantando la política del frente antifascista para atraer al PDC.


En tanto el MIR y el PS, tipificaron el régimen de excepción constitucional surgido tras el 11 como la dictadura militar del capital monopólico-financiero.  De ello, se desprendió la política de Resistencia Popular.


Los conceptos no son sólo un ejercicio intelectual, pues permiten definir la mejor táctica y estrategia para combatir al enemigo.


¿La conquista española de América fue feudal o capitalista?  Te pedimos que investigues, que leas[1].



Algunos conceptos paralizan, otros activan, algunos anestesian.  Por ejemplo cuando te repiten hasta el hartazgo que “sólo el que vota puede opinar” es una invitación velada a que participes en la legitimación del sistema de dominación.  Y pronto el apruebo o el rechazo han de demostrar cómo la penetración del sistema de dominación capitalista, sin vaselina, dirige el pensamiento de millones.  Y así logramos comprender que votar sí sirve de algo: sirve para legitimar la propia dominación, la hegemonía de la burguesía monopólico-financiera.


Recordemos que desde 1984, cuando ya comienza a aflorar en sectores del conjunto de la Izquierda la tesis peregrina de la posible “derrota política de la dictadura”, tesis que será caracterizada como los inicios del derrotismo, la conciliación y el entreguismo, surge otro curioso concepto en los llamados “textos del derrotismo”: el neoliberalismo, cantinela que vino a reemplazar la cantinela de fascismo.  De esa forma, se hace pensar que el “fascismo” y el “neoliberalismo” son tan malos, malitos, que se debe levantar el frente antifascista” o el “frente antineoliberal”, en donde caben “todos” y en ese todos se entiende que cabe el centro político.


Tanto con el “fascismo” como con el concepto de “neoliberalismo”, resurge la anquilosada política de la revolución por etapas, de domicilio bien conocido.


Será el propio Miguel Enríquez quien a fines de 1973 tras estudiar los clásicos textos marxistas (uno de ellos, Nicos Poulantzas[2] sobre el fascismo, y el fenómeno de la dictadura militar (caso español), que definirá que el carácter del régimen de excepción constitucional surgido tras el golpe militar deviene en la junta militar del capital monopólico-financiero.


Dejamos aquí un sugestivo estudio sobre el fenómeno fascista, que viene siendo un resumen de un texto de Nicos Poulantzas, realizado por Luis Felip[3]:Si hay un error característico de cierta izquierda, es el abuso del concepto de «fascismo»: la policía es fascista, los jefes son fascistas, el Estado es fascista. Caemos en el abuso de una metáfora que ha perdido el rastro del fenómeno original con el que comparamos (inadecuadamente y dentro de un uso del lenguaje puramente emocional) estas muy diversas realidades. «Fascista» se convierte en una moneda de curso legal que, de tanto pasarnos de mano en mano, ha perdido todo rastro de su cuño original. Así pues, dentro de las herramientas conceptuales que necesitamos para armarnos en el momento actual, se nos hace imprescindible una categorización del fascismo como fenómeno ubicado en un momento histórico muy acotado y en lugares muy concretos (años 30 en Italia y Alemania). Aunque no me considero preparado para abordar una reflexión profunda sobre esta materia, ni sobre fenómenos análogos al fascismo que sin embargo poseen especificidades propias (el régimen japonés, el falangismo español y el franquismo), propongo lo que es sólo el comienzo de la reflexión. El aspecto más importante aquí no es tanto alcanzar una definición completamente exacta, sino reconocer algunas de las líneas fundamentales para, en adelante, no seguir confundiendo conceptos por un abuso desmedido e infundado”.[4]


Te invitamos a leer, pues existe una profusa literatura sobre lo qué es el fascismo y luego, por sobre todo, estudiar la formación social chilena y ver si realmente es posible aplicar el concepto de fascismo.  Asimismo, ver si es posible aplicar el concepto ideológico de “neoliberalismo”, ver en lo concreto si existe la librecompetencia, el libremercado, el precio de equilibrio.  Sólo como ejemplo diremos que cuando nacen las AFP en Chile había más de 30, ahora son sólo 6… ¿existe la librecompetencia?


Existen conceptos que más que evidenciar la dominación de clase no hace más que ocultarlo.


Fascismo, neoliberalismo, clase media, el voto contiene tu opinión y un largo etcétera de lugares comunes que sólo son componentes que evidencian que la ideología dominante de una época es la ideología de la clase dominante.


Leer, investigar, contrastar la información, ver todo a la luz del presente.  Por ejemplo, cuando escuche o lea “el capitalismo está en crisis”, lea, investigue, las ganancias de los grupos económicos chilenos, del 1% más rico de Chile.


¡QUE LA HISTORIA NOS ACLARE EL PENSAMIENTO!
¡POR EL PAN, POR LA VIDA, POR EL SOCIALISMO!


BRIGADA DE PROPAGANDA MIR LUIS BARRA GARCÍA

Agosto 07 de 2020

PORQUE EN CADA AGOSTO RENACE LA ESPERANZA




jueves, 6 de agosto de 2020

MIR: 55 AÑOS JUNTO AL PUEBLO, HACIENDO CONCIENCIA Y LUCHANDO POR LA REVOLUCION – Parte I






Con ésta serie de notas sobre el MIR no aspiramos a establecer una historia de él, no en términos de la definición de historia como un registro de hechos ocurridos en el pasado y sobre un sujeto ya extinto; por ende, no hablamos de res gestae. Antes bien, de lo que se trata es de la historia del tiempo presente y en construcción, esa que se realiza –y escribe- colectivamente, al calor del combate de los explotad@s y oprimid@s por su liberación. Tampoco pretendemos agotar en una apretada síntesis el vasto caudal de sus más de cinco décadas de praxis y aportación teorética revolucionarias, así como el amplio acervo de experiencias de lucha de l@s rojinegr@s.

Nuestra excusa para dar a luz estos apuntes es la conmemoración de los 55 años desde la fundación del primer proyecto político orgánico de la izquierda revolucionaria en Chile. Asimismo, deseamos hacer un humilde aporte a la discusión que en la actualidad mantienen diversos activ@s revolucionari@s en pos de recomponer la unidad del MIR. Finalmente, en un afán no menor, nos motiva el dar a conocer a las nuevas generaciones de rebeldes un registro vital de l@s miristas, l@s cuales, día a día, en diversos lugares y ámbitos, junto a sus herman@s de los pueblos de éste país, continúan luchando por la construcción de la sociedad donde no exista ninguna clase de injusticia u opresión; en una palabra, por el Socialismo


Contexto chileno y mundial en el cual nace el MIR

Para contextualizar el nacimiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, un 15 de agosto de 1965, debemos comenzar anotando que en aquella década comenzó un proceso mundial de agotamiento del ciclo de expansión capitalista que siguió a la crisis de los “20s-“30s, a la que estuvieron vinculadas las guerras mundiales y la oleada revolucionaria –sobre todo en Rusia y sur de Europa- de principios del siglo XX. El llamado “Estado benefactor”, expresión de una economía mixta y que se expandió a partir de la Depresión del “29 y las grandes conflagraciones aludidas, impulsó una serie de reformas sociales y un fuerte papel regulador de él sobre la economía, logrando una bonanza sin precedente que perdurará por cerca de 3 décadas, hasta que en los “60s se estanca, para luego, a principios de los “70s, desembocar en una nueva crisis mundial de acumulación capitalista.

En la sexta década del siglo pasado, en los países industrializados, las condiciones de trabajo y de vida de las clases medias y populares empeoraron, lo que llevó a una serie de movilizaciones sociales. En EEUU, el descontento social se encauzó en dos vertientes: por un lado, surgió un gran movimiento juvenil, de resuelta rebeldía, el cual se hace crítico de la cultura estandarizada y las formas de vida de la sociedad capitalista norteamericana, reclamando la paz frente al peligro nuclear y la agresividad imperialista; por otro, en todo su territorio estalla la lucha por las libertades y la igualdad civiles de los afroamericanos y los pueblos originarios. En Europa, en tanto, se extendieron los paros de trabajador@s que confluyeron con un movimiento de rebeldía estudiantil e intelectual de fuerte contenido libertario. En Asia y África arreció una nueva ola de luchas anticoloniales, lo que también alentó movimientos de liberación en el Cercano Oriente y en la misma Europa (palestinos, kurdos, vascos, corsos, irlandeses, etc.).

A pesar que se vivían crecientes contradicciones en el campo socialista (no alineamiento yugoslavo, conflicto chino-soviético, Primavera de Praga, etc.), éste aparecía como una alternativa progresista fuerte ante un capitalismo en crisis. En la década de los “60s se consolidaba el proceso de transición al socialismo que históricamente se construía en China, mediante lo que se llamó la "revolución cultural", con iniciativas de Mao Tse-Tung del tipo "Campaña de las cien flores".

En América Latina, el proceso y triunfo de la Revolución Cubana, la primera revolución socialista triunfante no sólo de América Latina sino también del Hemisferio Occidental, fortaleció el sentimiento antiimperialista, se multiplicó la insurgencia armada, la movilización popular y revolucionaria se extendió por todo el subcontinente. Las múltiples organizaciones revolucionarias irrumpen al margen y como alternativa a las fuerzas de la izquierda tradicional. También ejerció influencia en nuestra América el avance de la revolución anticolonial en África, especialmente en Argelia, y en Asia, sobre todo por los primeros éxitos de la lucha guerrillera en Vietnam y otras partes de Indochina. Las movilizaciones de los trabajadores latinoamericanos y las acciones de los primeros movimientos guerrilleros, bajo el influjo de la Revolución Cubana, impactaron fuertemente a los grupos revolucionarios de Chile, tanto por su coraje y decisión como por ciertas frustradas experiencias foquistas de lucha armada, pero rescatando aquellas -como las dirigidas por Turcios Lima y Yon Sosa en Guatemala y Hugo Blanco en Perú- que intentaron superar dicho esquema combinando las acciones armadas con un trabajo social al interior del campesinado y los pueblos originarios.

Chile no escapó a las convulsiones que afectaron el sistema capitalista mundial durante la primera mitad del siglo XX, pero aquí se expresó de acuerdo a las particularidades de nuestro capitalismo dependiente. También nuestro país había vivido en los años “20s y “30s un período de crisis económica, social y política del viejo orden burgués mercantil, que se manifestó en una radical lucha social, sangrientas represiones, la irrupción de caudillos civiles y uniformados, una insurrección de marineros y soldados, repetidas juntas militares, una efímera “República Socialista” (1932), milicias fascistas, conservadoras y socialistas. Un extendido período de conmoción política que los sectores dominantes y sus socios mayores del norte pudieron superar definitivamente cuando, con el concurso del Frente Popular (FP, donde participaron socialistas y comunistas), establecieron un nuevo pacto histórico de conciliación de clases a fines de los “30s. Las empresas norteamericanas siguieron beneficiándose con las minas de cobre y su predominio comercial, los terratenientes con sus haciendas, los empresarios criollos fueron favorecidos con una política de fomento de la Industrialización por Sustitución de Importaciones (o modelo ISI), las clases medias profesionales fortalecieron sus posiciones en la burocracia estatal y el sistema político, y hasta sectores obreros sindicalizados mejoraron sus condiciones laborales y de consumo. Respaldados por el Estado, se lograron importantes avances en la extensión de la educación, la salud y la seguridad social. La institucionalidad democrática representativa burguesa se consolidó y los militares volvieron a sus cuarteles, perdonándoseles (como suele ser) sus crímenes represivos de la etapa anterior. Pero todo ello no satisfizo a los inquilinos urbanos, los trabajadores agrícolas, los pequeños mineros, los obreros no sindicalizados, los mapuche, los artesanos y otros sectores de pobres del campo y la ciudad, quienes quedaron excluidos del histórico acuerdo. 

Aunque el movimiento popular y los partidos tradicionales de la Izquierda chilena surgieron a principios del siglo pasado con un fuerte espíritu libertario, de autonomía y rebeldía frente al orden capitalista vigente, al optar a fines de la década de los “30s por la política de los Frentes Populares, la Izquierda desechó el camino de la insurgencia popular y siguió el camino de la conciliación de clases, privilegiando la actividad parlamentaria y electoral. Pasaron a visualizar el socialismo como una meta lejana, la cual se propusieron alcanzar a través de una “revolución por etapas”. La primera etapa era la alianza de la clase obrera y las clases medias con una supuesta burguesía progresista, nacionalista y democrática. Esta alianza, expresada en el FP, que accedió al gobierno en 1938 con Pedro Aguirre Cerda -del Partido Radical- como presidente, llevaría a cabo las tareas de liberación antiimperialista a través de un desarrollo industrial nacional independiente (modernización productiva), de la profundización democrática (democracia parlamentaria, sistema de partidos) y del progreso social (sindicalización, salud, educación, seguridad social, libertad de prensa, etc.), sentando así las bases históricas para avanzar en un proceso legal y pacífico de reformas a la segunda etapa, la futura construcción de una sociedad socialista. Una década más tarde el Partido Comunista fue puesto en la ilegalidad (“Ley Maldita”) por la supuesta burguesía progresista, nacional y democrática. El Partido Socialista se dividió, pasando un sector a la oposición y otro al gobierno ibañista. A pesar de ello la Izquierda continuó sosteniendo la misma concepción programática reformista y la misma estrategia etapista y legalista. Se había formado una generación de políticos institucionales de Izquierda, que aunque pudieran tener una genuina preocupación por los intereses de los sectores populares, no estaban dispuestos a romper con el sistema del cuoteo de prebendas estatales, de regateos parlamentarios, de partidos-clientelas, de burocracias sindicales, representación electoralista, etc. 

En la quinta década del siglo XX, el modelo económico comenzó a estancarse, se redujo el proteccionismo a la producción nacional y se acentuó la dependencia externa comercial y financiera, el predominio de la burguesía monopólica aliada al capital norteamericano se fortaleció, la concentración de la riqueza se aceleró y el gasto público social disminuyó. La inflación golpeó los bolsillos populares, la desocupación aumentó, en las ciudades se extendieron los barrios de viviendas precarias donde vinieron a cobijarse los que huían de las pésimas condiciones de vida existentes en los latifundios, las reducciones mapuches y las marginadas áreas de pequeños agricultores. El descontento social creció y se produjeron explosiones de protesta, huelgas, ocupaciones de sitios y otras expresiones de agitación popular algunas de ellas alentadas por la Izquierda institucional como formas de presión-negociación y de acumulación de fuerza electoral y parlamentaria. Nuevamente los grupos gobernantes recurrieron a las FFAA y de Orden para reprimir las movilizaciones populares, al tiempo de generar engañosas esperanzas en caudillos populistas (Ibáñez, 1952) y supuestamente apolíticos (Jorge Alessandri, 1958), similar al mercadeo de ilusiones que el estrato político civil ofrece actualmente. El descontento y el deseo de cambio se extendió a amplios sectores de la población, lo que permitió a Salvador Allende, líder de la Izquierda tradicional agrupada ahora en el FRAP, constituirse en una opción real de gobierno: en las elecciones presidenciales de 1958 perdió por sólo 30 mil votos. Para cerrarle el paso a Allende los sectores políticos conservadores se alinearon en 1964 tras la candidatura del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva quien, con un activo apoyo de los norteamericanos, propuso un paquete de reformas que pretendía reactivar el proceso de acumulación monopólica mediante la atracción de nuevas inversiones externas y la renegociación de las formas de dependencia, la modernización tecnológica, la eliminación del latifundio más atrasado y el aumento de la productividad agrícola, la expansión del mercado interno, y medidas sociales que favorecieran la creación de una amplia clientela electoral en sectores medios y populares (asentamientos campesinos, programas de vivienda, salud, educación, etc.) que pusiera a raya a la Izquierda. La derrota de Allende en las elecciones presidenciales de 1964 y las expectativas que despertó la “Revolución en Libertad” ofrecida por la Democracia Cristiana, produjeron el repliegue y el desconcierto en la Izquierda, afianzando en algunos sectores de ella la convicción de que había que avanzar por un camino de ruptura. Por cerca de tres décadas diversos dirigentes y militantes habían fracasado en sus intentos de levantar políticas clasistas y revolucionarias desde el interior de los Partidos Comunista y Socialista y de las organizaciones sindicales, terminando absorbidos por el colaboracionismo reformista, o bien marginados y aislados políticamente. En los sectores críticos tomó fuerza la idea de unirse para constituir una vanguardia revolucionaria que disputara al reformismo la conducción del descontento popular.

Fue en este contexto político e histórico que surgiría el MIR, a mediados de los “60s. 


Movimiento de Izquierda Revolucionaria
MIR

miércoles, 5 de agosto de 2020

PRELUDIO A LA FUNDACIÓN DEL MIR: Periodo 1961-1965 POR LUIS VITALE.


MIR DE CHILE: No sólo lucha inclaudicable contra el poder de los ricos, sino que aporte a la Teoría de la Revolución chilena.  La lucha continúa.

Cercanos ya a cumplir 55 años como Organización Política, se vuelve imprescindible que la Militancia vuelva su mirada no sólo hacía lo que fue el Congreso de Fundación del MIR (efectuado en la calle San Francisco N° 269, local facilitado por el anarquista Ernesto Miranda y en donde se aprobó el borrador de Declaración de Principios redactada por Luis Vitale), sino que al contexto histórico previo que permitió la creación de un instrumento político que señaló su disposición de realizar, fuera de la vía electoral, la Revolución Social de carácter Socialista en Chile.

Trotskistas, anarquistas, sindicalistas, estudiantes, pobladores, sectores descontentos del Partido Socialista y del Partido Comunista, fue el sustrato que permitió fundar el MIR. 

El Chile actual es distinto, qué duda cabe, a lo que era a mediados de los ’60 e incluso después de 1990.  Recordemos que entre la última fecha señalada y el 17 de octubre de 2019 los intentos de cuestionamiento y de superación de la dictadura del capital, ahora revestida de civiles, el Movimiento Popular sólo era una expresión difusa, con un avance desigual, heterogéneo y combinado, con manifestaciones parceladas, fragmentadas, casi testimoniales, hasta que llegó el 18 de octubre de 2019 en donde se produce un salto cualitativo que se mantiene pese a la pandemia debida al corona virus.

En el Chile actual, las expresiones del nuevo poder que se está gestando, se constituye en las Asambleas Populares y en las Asambleas Territoriales, órganos que encauzan la rabia y el descontento, que están articulando su programa, su táctica y estrategia.  En esta nueva caminata por la emancipación humana y social el MIR, los Miristas, el Pueblo y Cultura Mirista, sólo deben contribuir a su fortalecimiento y no buscar su control o hegemonía.  Recordemos que el propio Miguel señalaba en su momento que (en el Chile pretérito) las tomas de fábricas, de fundos, las corridas de cercos, no fueron inventadas por el MIR, que el MIR las potenció, alentó y desplego, después, debido a la decisión política tomada desde el 15 de agosto de 1965.

Por otro lado, es necesario que se vuelva a una clara política de formación política entre la Militancia.  Ya no bastan los relatos personales, ya no cuadran las narraciones latas que se realizan en cada encuentro.  Las jinetas, como siempre, se ganan aquí y ahora.  Lo fundamental es retomar la senda del estudio, de la lectura comprensiva, del análisis de situación política y en ese plano felicitamos al Círculo de Estudios Políticos Miguel Cabrera Fernández, que recuerda al querido Compañero Paine, que está realizando un claro aporte a la comprensión de la coyuntura, alertando, por ejemplo, en su momento, el verdadero carácter que tuvo el retiro del 10% desde los fondos previsionales.

Se dice que la derrota militar se puede superar.  Se sabe que la derrota ideológica es insuperable.

En lo personal, quien escribe esta reseña, recuerda que a sus 9 años, el Compañero Flaco Barra (o también llamado Alejandro, Toño, Alejo, Pepé), le dio a leer el Tomo I de la Interpretación marxista de la Historia de Chile.  Fue el incentivo, hecho a tiempo, para comenzar a leer el maravilloso continente de la Teoría que se debe construir y que se está construyendo.

Las negritas y subrayados en el texto del Compañero Vitale corren por nuestra cuenta.

BRIGADA DE PROPAGANDA MIR LUIS ALBERTO BARRA GARCÍA.
Agosto 05 de 2020.
PORQUE EN CADA AGOSTO RENACE LA ESPERANZA.


“Contribución a la H I S T O R I A DEL M I R. (1965 - 1970) por Luis Vitale[1]. Investigador-testigo de época Ed. Instituto de Investigación de Movimientos Sociales "Pedro Vuskovic" Santiago, 1999


Capítulo I

El proceso de unidad revolucionaria (1961-1965)

El proceso de unidad revolucionaria (1961-1965) Este proceso se dio en un contexto internacional-latinoamericano y nacional, que estimuló la formación de organizaciones revolucionarias, alternativas a la política de la izquierda tradicional. El hecho más trascendental fue el impacto de la Revolución Cubana, la primera revolución socialista triunfante no sólo de América Latina sino también del Hemisferio Occidental. En esa misma década se consolidó el proceso de transición al socialismo en China, influenciando sobre todo a la juventud latinoamericana con el llamado de Mao-tsé-Tung a que "florezcan cien flores" en la estrategia por la toma del poder, como asimismo las repercusiones de la "revolución cultural". También ejerció influencia en nuestra América el avance de la revolución anticolonial en África, especialmente en Argelia, y en Asia, sobre por los primeros éxitos de la lucha guerrillera en Vietnam y otras partes de la península Indochina.

Las movilizaciones de los trabajadores latinoamericanos y las acciones de los primeros movimientos guerrilleros, bajo el influjo de la Revolución Cubana, impactaron fuertemente a los grupos revolucionarios de Chile tanto por su coraje y decisión como por sus frustradas experiencias foquistas de lucha armada, con excepción del movimiento de Yon Sosa en Guatemala y de Hugo Blanco en Perú que trataron de superar la concepción del "foco", combinando las acciones armadas con un trabajo social en profundidad en el campesinado y los pueblos originarios.

El contexto chileno de ascenso popular -influenciado por estos sucesos de la contemporaneidad, que vivió la anterior generación y la de Miguel- estimuló una salida revolucionaria de otro tipo en Chile durante el gobierno autoritario del representante de "los gerentes: Jorge Alessandri, y de las expectativas despertadas en centenares de miles de obreros y campesinos por las promesas del flamante gobierno reformista de la DC y de su presidente Eduardo Frei.

Jóvenes chilenos pudieron haberse enmontañado sin base social, como otros hermanos latinoamericanos, abrir un foco guerrillero y morir heroicamente, pero sin incidir en el conjunto de los explotados. La aguda coyuntura de lucha de clases chilena, en brazos del ascenso popular, hizo surgir organizaciones y tendencias revolucionarias, fuera y dentro de los partidos de la izquierda tradicional.

El primer paso hacia la unidad de las fuerzas revolucionarias lo dio el presidente de la CUT, Clotario Blest, al formar el M3N -sigla surgida a raíz del gran Paro general y la Concentración del 3 de noviembre de 1960 de cerca de 50.000 personas en Plaza Artesanos. Su manifiesto-saludo a los trabajadores decía: "El M3N es un movimiento revolucionario que tiene por finalidad orientar las luchas hacia la transformación sustancial del sistema capitalista por un régimen revolucionario dirigido por los trabajadores. Rechaza toda teoría de colaboración de clases que a través de la vía pacífica se pueda derrocar a la burguesía. El M3N sólo confía en la movilización del pueblo para alcanzar el poder para los trabajadores (...) El M3N no es un nuevo partido político, ni tampoco es anti-partido; es un Movimiento que tratará de reagrupar a todos los revolucionarios del país, sin distinción de tendencias (...)Lucha por el fortalecimiento de la CUT y su unidad. 1961 debe ser el año en que la CUT presente una batalla o Huelga General por los reajustes en que intervengan obreros, campesinos y empleados del sector público y privado. Así, en su 8º aniversario, la CUT podrá quebrarle la mano al gobierno derechista de Alessandri y abrir la perspectiva para cumplir con sus postulados señalados en su Congreso Constituyente de 1953: luchar por la transformación revolucionaria del actual régimen capitalista".

En su programa, el M3N proponía: "Nueva Constitución del Estado, surgida de una Asamblea Constituyente del Pueblo, Reforma Agraria Integral, Reforma Urbana, Abolición de los monopolios capitalistas y expropiación de las empresas imperialistas, Expropiación de los Bancos particulares, de las fábricas y gran comercio y administración de las mismas por los trabajadores, Dirección y Administración de la economía del país por los Consejos de Obreros y Campesinos, Defensa activa de la Revolución Cubana".  Anótese que estos puntos programáticos constituyeron la base política del proceso de unificación revolucionaria que culminó en el MIR cuatro años después.

Clotario organizó el M3N de una manera especial: un sector con apertura pública y otro clandestino, integrado por socialistas de izquierda de la CUT, de Federaciones y de sindicatos de base, agrupados en grupos concéntricos de a 5 personas, pero secretos, con el fin de que unos socialistas no tuvieran conocimientos de otros de su partido integrados al M3N. De esa manera, Clotario se aseguraba la mayoría en la CUT.

Por ejemplo, en un Consejo de Federaciones que se realizó a fines de diciembre de 1960 -al cual asistí en mi calidad de dirigente nacional de la CUT- se aceptó la moción Blest de votar no a mano alzada sino en forma secreta la preparación de una Huelga General, con la oposición del PC, el PR y la DC. Contados los votos dieron una leve mayoría a la proposición Blest. Sorpresa, silencio en la sala y luego cuchicheos; sindicalistas del PC salieron a buscar a sus dirigentes políticos, al igual que unos pocos socialistas. Prestos vinieron sus Secretarios Generales. El del PC increpó al del PS, diciéndole que no había cumplido el acuerdo de ordenar a sus sindicalistas votar contra la Huelga General. El del PS le respondió tajantemente que sí... ¿y entonces? La explicación estaba en que los socialistas de izquierda de la CUT -adherentes secretos del M3N- votaron bajo la orientación de Julio Benítez a favor de la Huelga, desobedeciendo la orden de su partido. El plan orgánico de Clotario iba funcionando bien, hasta que un día se le ocurrió invitar a incorporarse al M3N a un dirigente socialista de la CUT, que era hombre de confianza del máximo dirigente del PS, Raúl Ampuero, quien pronto llamó al orden a los sindicalistas más izquierdistas de su partido.

Precisamente, ese año Miguel y el Bauchi (Bautista van Schouwen) y otros ingresaron a la Juventud Socialista, mientras Luciano Cruz Aguayo preparaba su ruptura con el PC. A su vez, Marco Antonio era elegido vocal de la FEC y poco después levantado por Miguel -que ya había iniciado su carrera de Medicina- como Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. Marco Antonio se convirtió entonces no sólo en el principal maestro político de Miguel y el Bauchi, sino también en el creador de una tendencia estudiantil revolucionaria que abrió el camino para el ulterior triunfo de Luciano a la presidencia de la FEC.

Mientras tanto, Miguel y compañeros de Concepción, Santiago, Puerto Montt y otras provincias preparaban la escisión de la Juventud Socialista, hecho que se formalizó en el Congreso de 1964. El liderazgo de Miguel se reforzó a raíz de su valiente polémica con Robert Kennedy, de visita en Concepción. Entonces fue contactado por compañeros de Santiago que estaban estructurando el ERTE (Ejército Revolucionario de Trabajadores y Estudiantes). El "pelao" Zapata y el Chipo lograron incorporar a Miguel en este proyecto, alentado por una tendencia trotskista, el PRT, que luego se integró a la VRM (Vanguardia Revolucionaria Marxista), liderada por el Dr. Enrique Sepúlveda.

De este modo, Miguel, el Bauchi y Luciano se integraron al proceso de unidad revolucionaria que se estaba dando entre VRM y el PSP desde 1964, proceso que condujo al Congreso de Fundación del MIR el 15 de agosto de 1965. Está probado con documentos de la época, y demostrado, en la práctica política, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción, mito levantado en el exilio por dirigentes miristas de la FEC, después de la muerte de Miguel, quien en vida jamás dijo semejante aberración, pues conocía por dentro el largo y madurado proceso de unificación de 8 organizaciones.

Este proceso de unificación se fue gestando, bajo la iniciativa de Clotario Blest, primero a través de la creación del Movimiento de Fuerzas Revolucionarias en 1961, integrado básicamente por obreros sindicalizados; el grupo Libertario liderado por Ernesto Miranda, dirigente Nacional de la CUT y de la Federación del Cuero y Calzado; un sector escindido de la Juventud Radical, encabezado por Julio Stuardo, creador del Movimiento Social Progresista; el Partido Obrero Revolucionario y trabajadores sin partido.

Dos años más tarde, varias organizaciones se reagruparon para constituir el Partido Socialista Popular, en cuyo Congreso de Fundación (1963) participaron: el POR, un sector del MIDI (Movimiento de Independientes de Izquierda, allendista, dirigido por el Dr. Enrique Reyes), militantes del movimiento de pobladores orientados por Víctor Toro, jóvenes de Santiago escindidos del PS, la OSI (Organización Socialista de Izquierda, nucleada por Gonzalo Villalón); la revista "Polémica", dirigida por Tito Stefoni; la mayoría del Comité Regional Coquimbo del PS, encabezado por su secretario general, Mario Lobos; gran parte del Comité Regional del PS de Talca y núcleos socialistas de base de la zona sur, de Linares a Puerto Montt. Como secretario general del PSP fue elegido el trotskista Humberto Valenzuela, dirigente nacional de los Obreros Municipales. Su periódico oficial: "La Chispa", cuyo director fue Dantón Chelén, luego de su ruptura con el PS.

Paralelamente se fueron unificando fuerzas en Vanguardia Revolucionaria Marxista, entre ellas la mayoría de la Vanguardia Nacional del Pueblo, liderada por Enrique Sepúlveda, sectores disidentes del PC, que años antes había formado el MRA (Movimiento de Resistencia Antiimperialista) dirigido por Luis Reinoso, Benjamín Cares, J. Pilowsky, Ernesto Benado y Martín Salas; en 1963 se integró el PRT (Partido Revolucionario Trotskista), orientado por Jorge Cereceda, y en 1964 el MRC (Movimiento Revolucionario Comunista, escindido de la Juventud Comunista, orientado por Gabriel Smirnow). A la VRM se integraron en 1964 Miguel, el Bauchi, Marco Antonio y otros estudiantes de Concepción.

A este proceso de unificación, uno de los pocos investigadores del tema, Carlos Sandoval, lo denomina "Prehistoria", tomando este concepto de la clasificación tradicional de los historiadores europeos de la Historia Universal que estimaban que la historia comenzó con la escritura, colocando equivocadamente el prefijo "pre", sin advertir que todo es historia a partir de la aparición de los primeros seres humanos y de su contacto con la naturaleza. Nadie puede negar que nuestros Pueblos Originarios hicieron historia; bastaría con señalar un sólo ejemplo: la invención del número cero por los mayas, siglos antes que los europeos, cuando éstos ya tenían la escritura.

No corresponde caracterizar de "prehistoria" al proceso de unificación de la izquierda revolucionaria (1961-1965) por varias razones: a) porque los principales fundadores del MIR fueron los mismos que lideraron los diversas organizaciones que dieron nacimiento al Movimiento de Izquierda Revolucionaria; b) porque el carácter Socialista de la Revolución, la necesidad de la lucha armada e insurreccional para la toma del poder y el programa del Congreso de Fundación del MIR se basó en los programas que tenían el POR, el PRT, VRM y PSP, que muchos años antes hacían uso de la "escritura" y de acciones relevantes en el movimiento obrero; c) porque los principales dirigentes sindicales y del movimiento de Pobladores que asistieron al Congreso de Fundación, provenientes de las anteriores organizaciones citadas, fueron los mismos que tuvo el MIR en sus comienzos; d) porque el periódico "El Rebelde" se editaba por la VRM varios años antes de que el MIR lo adoptara como su órgano oficial, haciendo uso obviamente de la "escritura". Nos permitimos hacer estas aclaraciones no sólo para demostrar que antes del MIR las organizaciones mencionadas ya hacían historia, sino porque Sandoval sólo menciona como referencia teórico-política a VRM en su libro, páginas 7 a 12.

Todos las organizaciones que confluyeron en el PSP y VRM se autodisolveron con la decisión de constituir un solo partido de la revolución. Con este objetivo central se convocó al Congreso de Fundación del MIR. Queda así demostrado, con documentos de la época, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción sino por las numerosas organizaciones citadas, de larga trayectoria en el movimiento sindical y poblacional, a través de un proceso de discusión y acciones comunes que duró 4 años, de 1961 a 1965. Como prueba irrefutable podemos decir que el MIR, 15 días después de su fundación, llevó más de 25 delegados al IV Congreso Nacional de la CUT, efectuado el 30 de agosto de 1965. La conclusión es obvia: es imposible que un grupo de estudiantes de Concepción pudiera haber elegido más de 25 delegados obreros entre el 15 y 30 de agosto, que presentaron un programa de lucha que sólo pueden elaborado por trabajadores experimentados, como consta en el documento que obra en nuestro poder.

Cabe destacar que Andrés Pascal A. fue el único en reconocer oficialmente en 1986 en un documento interno del MIR, elaborado en Buenos Aires, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción sino por un proceso previo de unificación de varias organizaciones revolucionarias.

Por lo demás bastaría con señalar que en el Congreso de Fundación del MIR fueron elegidos al Comité Central personas como Clotario Blest (9 años presidente de la CUT y primer y único Partido en el que militó) y Humberto Valenzuela, candidato obrero a la Presidencia de Chile en 1942, para demostrar rotundamente que el MIR no fue fundado por un grupo de estudiantes de Concepción. No obstante, Sandoval coloca en su libro, al final del capítulo sobre los fundadores del MIR, solamente las fotos de estudiantes de Concepción, no por azar sino porque sabe que la imagen refuerza los mitos.””