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miércoles, 5 de mayo de 2021

05 DE MAYO DE 1818 NACE EL "MONUMENTO DE LA INTELIGENCIA HUMANA" EL COMPAÑERO CARLOS MARX

CARLOS MARX: 1818-1883 UNA VIDA CONSAGRADA A LA REVOLUCIÓN.

 

Reproducimos un artículo en homenaje al Revolucionario CARLOS MARX, realizado por el querido Colectivo Acción Directa, CAD.

 

Brigada de Propaganda MIR Luis Alberto Barra García.

Mayo 05 de 2021.

 

Carlos Marx: Una Vida al servicio de los Trabajadores, los Pueblos, los Explotados

                                               Del Mundo.

 

                        El 5 de Mayo de 1818 nació en Tréveris, ciudad de Alemania, en el territorio de Renania-Palatinado, a orillas del Mosela, el “MONUMENTO DE LA INTELIGENCIA HUMANA”, Carlos Marx, al decir de ese otro revolucionario, Ernesto Che Guevara.

                        Marx nació en el seno de una familia judía de clase media.  En 1835 concluyó sus estudios secundarios en Tréveris.  En ese mismo año ingresa a la Universidad de Bonn para seguir estudios de Derecho y se compromete, secretamente, con Jenny von Westphalen.  Al año siguiente se instala en Berlín para proseguir sus estudios de Derecho.

                        El año 1838 junto a Bruno y Edgar Bauer funda el Club de los Doctores, que aglutina a los hegelianos de izquierda.  Comienza sus estudios acerca de la Filosofía y la Historia, ambas Ciencias que junto con la Economía serán los puntales de su futura creación.  Lo anterior cristaliza en 1841 cuando se Doctora con la tesis “Diferencias entre las filosofías de la naturaleza de Demócrito y Epicuro”.  Decide, el mismo año, renunciar a seguir la carrera universitaria.

                        En 1842, en Octubre, es designado redactor jefe de la Rheinische Zeitung, de Colonia, órgano de oposición de la burguesía renana radical.  El siguiente año abandona el cargo de redactor jefe ante las dificultades de la censura prusiana.  Se casa con Jenny von Westphalen.  En otoño emigra a París, donde entra en contacto con sociedades revolucionarias como la clandestina Liga de los Justos.  Traba amistad con el poeta Heinrich Heine y redacta la “Introducción a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”.

                        En 1844 en colaboración con Arnold Ruge publica el primer y único volumen de los Anales franco-alemanes y al mismo tiempo redacta los “Manuscritos económicos-filosóficos, conocidos como los “Manuscritos del 44”.  Conoce a Luis Blanc, Proudhon, e inicia su amistad con Federico Engels.  Nace Jenny, su primera hija.

                        Durante el año 1845, a petición del gobierno prusiano, es expulsado de Francia como revolucionario peligroso.  Se establece en Bruselas.  Junto con Engels, escribe “La Sagrada Familia” y “La ideología alemana”; formula las tesis sobre Feuerbach.  En septiembre nace Laura, su segunda hija, y a finales de año renuncia a la nacionalidad prusiana.

                        El año 1847 se afilia a la Liga de los Justos, a la que propone el nombre de Liga de los Comunistas, y participa en el primer congreso de esa organización celebrado en Londres.  La Liga le encomienda, al igual que a Engels, la redacción de un Manifiesto del Partido Comunista.  Publica “Miseria de la Filosofía”.

                        En febrero de 1848 aparece en Londres la primera edición de “El Manifiesto Comunista”.  Poco después estalla la revolución y es expulsado de Bélgica.  Se traslada a París.  Se opone al envío de guerrilleros a Alemania y redacta las “Reivindicaciones del Partido Comunista en Alemania”.  Al cabo de unas semanas llega a Colonia, donde en junio asume la jefatura de redacción de la Neue Rheinische Zeitung.  Ataca a la burguesía alemana y propugna la resistencia armada en unos disturbios acaecidos en Colonia.

                        El año 1849 triunfa la contrarrevolución en Alemania.  Marx es juzgado en febrero por su participación en los disturbios de Colonia.  Resulta absuelto, pero en mayo es expulsado del país.  Poco antes han aparecido publicadas sus charlas sobre “Trabajo asalariado y capital”.  El gobierno francés le prohíbe establecerse en París, y Marx, cuya situación económica es angustiosa, marcha a Londres, donde residirá hasta el final de su vida.

                        El año 1850 le depara una vida penosa y mísera en Londres; es desahuciado de su casa por impago.  Con todo, participa en la reorganización de la Liga de los Comunistas y escribe “La lucha de clases en Francia”.

                        El año 1852 aparece “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”.  Se acepta su propuesta de disolver la Liga de los Comunistas.  Empieza a colaborar en el New York Daily Tribune.  Interrumpe sus estudios económicos.  Dos años después aprende español y lee a Calderón y a Cervantes.  Publica algunos artículos sobre la revolución española en el New York Daily Tribune.

                        El año 1855 nace Eleanora, el sexto de sus hijos y la única que sobrevivió junto con Jenny y Laura.

                        El año 1857 reemprende sus estudios sobre economía en la Biblioteca del British Museum.  Dos años más tarde publica la “Contribución a la crítica de la economía política”. 

                        El año 1862 su situación económica es asfixiante.  Intenta obtener un puesto de escribiente en los ferrocarriles, pero no consigue ingresar a causa de su mala letra.  El siguiente año, en una situación casi al borde de la miseria, Marx inicia la redacción de “El capital”.

                        Durante el año 1864 se funda en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores, para la cual redacta, como miembro de su comité provisional, los Estatutos, el primer manifiesto y gran número de acuerdos, declaraciones y llamamientos.

                        El año 1865 finaliza la primera redacción de “El capital”, al tiempo que participa activamente en la Internacional.  Dos años más tarde aparece en Hamburgo el primer libro de El capital.  Marx se ve obligado a paralizar su trabajo a causa del insomnio y de la furunculosis que padece desde hace años.

                        El año 1869 viaja a París de incógnito.  A partir de este año, los apuros económicos de Marx se verán aliviados gracias a la ayuda constante de Engels.  Ello le permitirá seguir trabajando en la continuación de El capital.  Dos años después se le encuentra en una gran actividad en la Internacional a favor de la Comuna de París (1871), cuya evolución sigue atentamente.  Publica “La guerra civil en Francia”.

                        El año 1872 se realiza el Congreso de la Internacional en La Haya, en el cual son derrotadas las posiciones de los bakuninistas después de su enfrentamiento con Marx.  Este consigue que la organización se traslade a Nueva York.

                        Durante el año 1875 redacta el importante libro para la teoría marxista “Crítica del programa de Gotha”, de la socialdemocracia alemana.

                        El año 1881 fallece su mujer, Jenny von Westphalen.

                        1883.  En enero muere su hija Jenny.  Marx, muy abatido y aquejado de una grave enfermedad pulmonar, muere en Londres el 14 de marzo.  Su cuerpo recibe sepultura en el cementerio de Highgate.

 

CARLOS MARX EN SU TIEMPO: En Carlos Marx confluyeron tres corrientes de pensamiento: la de la filosofía clásica alemana, la del socialismo utópico francés e inglés y la de la economía política británica.

                Como es sabido, Marx entroncó con el pensamiento de Hegel ya desde su primera juventud, en los años en que estudiaba en Berlín, donde entró en contacto con los llamados hegelianos de izquierda.  De éstos le interesó particularmente Ludwig Feuerbach y su crítica de la religión.  Al mismo tiempo expresó su afinidad con el pensamiento materialista al organizar su tesis doctoral sobre la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro.  No obstante, la figura de Marx sería ininteligible sin la de Hegel:  la médula del razonamiento de tipo dialéctico es hegeliana en su origen; la idea de la lucha de clases está prefigurada en la lucha entre el señor y el siervo –esas autoconciencias contrapuestas, al decir de Hegel-, tal y como se desarrolla en la “Fenomenología del espíritu”.  Marx tomará a Hegel, en suma, para invertirlo; como él mismo dijo, para colocarle los pies en tierra.  En otras palabras, para terminar con el filósofo que corona la tradición de la filosofía occidental, esencialmente especulativa.

                Desde el momento en que Marx preconizó una filosofía transformadora del mundo, y no meramente interpretativa, se situó en la línea de secularización del saber filosófico que ya habían emprendido los filósofos de la Ilustración.  De ahí que en Marx la filosofía se haga saber concreto- histórico, sociológico, económico- y que en este sentido se aleje de Hegel y de la filosofía del Idealismo alemán.

                En el campo de las doctrinas sociales, Marx tiene como antecedentes a los teóricos del socialismo utópico, desde Saint-Simon- que entrevió formas de organización social anticapitalista- a la comunidad de trabajadores imaginada por Fourier.  Más cercanas a él fueron, sin embargo, las fórmulas cooperativas de Robert Owen o la idea de colectivización de la tierra y de los medios de producción preconizada por Etienne Cabet.

                Por lo que respecta al campo de las doctrinas económicas, Marx enlazó con las teorías de los economistas británicos de la escuela clásica, desde Adam Smith hasta Ricardo, quizá el más próximo antecedente del autor de El capital, por el tratamiento que había hecho de cuestiones tan cruciales para el pensamiento marxista como la producción, el valor y el trabajo.

                Marx vivió en un período histórico caracterizado por sus hondas transformaciones.  Entre 1818 y 1883 la Revolución Industrial se extendió por Europa, modificando radicalmente las formas de la producción económica, quebrando la antigua base social agraria y artesana y, sobre todo, en lo político, alterando la naturaleza del poder.  El absolutismo era sucesivamente decapitado por una burguesía revolucionaria convertida en agente de la transformación social.  Las clases ligadas a los viejos modos de producción decaían, al tiempo que surgía el proletariado al amparo de la concentración en las ciudades de la mano de obra industrial.

                El pensamiento de Marx se fue articulando en el curso de estas convulsiones sociales de su tiempo; su conciencia fue reflejo del medio social en que vivió, de su praxis revolucionaria.  De ahí que captara con prontitud la evolución de la burguesía revolucionaria –que en su empuje histórico se había aliado con las clases populares- hacia posiciones a la defensiva, abdicando de su papel histórico de agente de la transformación social.  Y de que viera en el proletariado al nuevo sujeto histórico.  Pues su época le deparó también el asistir al nacimiento de esta nueva clase social y a sus luchas organizativas para constituirse en movimiento, desde la derrota de 1848 hasta la plenitud del internacionalismo obrero y la experiencia de este Estado dirigido por los trabajadores que fue la Comuna de París en 1871.

 

Ideas Matrices del Marxismo: El marxismo está constituido por dos disciplinas unidad pero distintas, cuya distinción se funda en la diferencia de su objeto: el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.

                El materialismo histórico –o ciencia de la historia- tiene por objeto el concepto de historia, a través del estudio de los diversos modos de producción y formaciones sociales, de su estructura, de su constitución y de su funcionamiento, y de las formas de transición de una formación social a otra.

                El materialismo dialéctico –o filosofía marxista- tiene por objeto propio la producción de los conocimientos, es decir, la estructura y el funcionamiento del proceso de pensamiento.  Propiamente hablando, el materialismo dialéctico tiene por objeto la teoría de la historia de la producción científica.  En efecto, si el materialismo histórico fundó, en un mismo movimiento teórico, el materialismo dialéctico como disciplina distinta es porque la constitución de una ciencia de la historia, es decir, de una ciencia que define su objeto como constitución del concepto de historia -materialismo histórico-, condujo a la definición de una teoría de la ciencia, que comprende la historia como parte integrante de su objeto propio.

                Esas dos disciplinas son distintas: existen, en efecto, interpretaciones del marxismo que reducen una disciplina a la otra.  Ya sea el materialismo dialéctico al materialismo histórico:  es el caso de las interpretaciones historicistas, tales como las del joven Lukács, de Korsch, para las cuales el marxismo es una antropología histórica, pues la historia es una categoría originaria y fundadora y no un concepto que haya que construir.  La reflexión de las estructuras, la “toma conciencia de su sentido”, es función, por el sesgo de una interiorización mediadora, de esas mismas estructuras.  Ya sea el materialismo histórico al materialismo dialéctico: se trata aquí de las interpretaciones positivistas-empiristas, que diluyen el objeto propio del materialismo histórico subsumiendo todo objeto histórico en la misma ley “abstracta”, universalmente válida, que regula toda “concreción” histórica.

                El materialismo histórico, como lo mostró Marx en la “Introducción del 57”, en el “Prefacio a la contribución de la economía política” y en “El capital”, contiene una teoría general que define conceptos que dominan todo su campo de investigación (conceptos de modos de producción, de formación social, de apropiación real y de propiedad, de combinación, de ideología, de política, de coyuntura, de transición).  Esos conceptos le permiten definir el concepto de su objeto:  el concepto de historia.  El objeto del materialismo histórico es el estudio de las diversas estructuras y prácticas enlazadas y distintas (economía, política, ideología), cuya combinación constituye un modo de producción y una formación social; pueden caracterizarse esas teorías como teorías regionales.  El materialismo histórico comprende igualmente teorías particulares (teorías de los modos de producción esclavista, feudal, capitalista, etc.), cuya legitimidad está fundada en la diversidad de las combinaciones de las estructuras y prácticas que definen modos de producción y formaciones sociales distintas.

                Sabido es que las tres proposiciones fundamentales del materialismo (dialéctico e histórico) son las siguientes:

1.-)   La distinción de los procesos reales y de los procesos de pensamiento, del ser y del conocimiento.

2.-)   La primacía del ser sobre el pensamiento, de lo real sobre su conocimiento.

3.-)   La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.

                El Marxismo en la estructura de lo político ha entregado, luego de un desarrollo de la ciencia marxista, conceptos que son claves para establecer estrategias políticas.  Carlos Marx y Federico Engels, analizaron en extenso el Estado de Excepción Constitucional tipificado como BONAPARTISMO.  Con posterioridad, en la medida del despliegue del Modo de Producción Capitalista, surgen otras dos tipificaciones de Estados de Excepción Constitucional: EL FASCISMO Y LA DICTADURA MILITAR.  Además en la ciencia marxista se encuentra un gran debate en torno al concepto de Democracia, entendida como forma de dominación, en tiempos normales, por parte de la Burguesía y el concepto de Democracia Popular.

                Todo lo anterior nos lleva de plano a la influencia posterior de Carlos Marx, en la medida de la aplicación correcta de la ciencia marxista.  Por ejemplo, el Partido Comunista chileno tipificó el Golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973 como un alzamiento FASCISTA.  Ello obliga, en los hechos a aplicar una táctica y estrategia coherente para combatir ese tipo de excepción constitucional.  Nosotros, como COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA, concordamos con la conceptualización realizada por otros partidos y movimientos de la izquierda chilena que tipificaron el Golpe de Estado como fundador de un régimen de excepción constitucional cristalizado en una DICTADURA MILITAR, a la cual se le debía oponer una táctica y estrategia determinada. 

                En la actualidad el reformismo tipifica el actual momento del MPC como “neoliberal”, caracterización que es utilizada, asimismo, por un amplio espectro de la izquierda en su conjunto.  Para el CAD, y otras organizaciones hermanas, el actual período debe ser caracterizado como los inicios de la Segunda Fase del Imperialismo.

                Recordemos, que una acertada caracterización permite establecer una acertada táctica y estrategia de lucha contra el enemigo principal.

                Carlos Marx, la ciencia a la cual fue capaz de construir sus principales cimientos, contó con un desarrollo posterior a través de Hombres y Mujeres que hicieron suyos sus postulados y decidieron al igual que él servir a los intereses de los trabajadores y explotados del Mundo.  Podríamos realizar un listado, pero siempre sería incompleto o quizá sería subjetivo, pues de la gran cantidad de continuadores del Marxismo se ha generado lo que se llaman los “Marxismos Posibles”.  De hecho, al leer esto último es casi seguro que algún lector pensará: “Esto es revisionismo o, como se dice hoy, es posmodernista”.  Sin embargo, las lecturas del marxismo no son lecturas ingenuas, sino que son lecturas culpables.  Cada uno va creciendo a través de algún continuador del marxismo y va excluyendo a otros.  Lo correcto, palabra demasiado cargada de subjetividad, es tender a ciertos puntos de unidad en la práctica, pues en la teoría se hace casi imposible; coincidir, por ejemplo, en que “filósofos e historiadores no han hecho más que interpretar de diversos modos la realidad, cuando de lo que se trata es de transformarla”.

                Federico Engels, F. Mehring, Plejanov, Kautsky, Berstein, Martov, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Ho-Chi-Min, Korsch, Rosa Luxemburgo, Riazánov, Gramsci, Lukács, Dobb, Labriola, Mondolfo, Sweezy, Althusser, Balibar, Garaudy, Che Guevara, Fidel Castro, Poulantzas, Sartre, Politzer, Lacan, Foucault, Bettelheim.  Podríamos seguir, pues existen aún muchos más que han realizado algún aporte a la consolidación del marxismo como una ciencia, una ciencia puesta al servicio de la Revolución Socialista, una ciencia siempre en movimiento.

                El conjunto del COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA rinde un sincero homenaje al Revolucionario Carlos Marx, al que con sus ideas y acción iluminara el largo y tortuoso camino a transitar por los explotados y marginados de siempre para construir un nuevo Estado, el Estado Socialista, que de paso a la Sociedad Comunista.  Los repetidos esfuerzos de Marx para romper los límites objetivos de lo Teórico existente, para forjar la materia con qué pensar el problema que su descubrimiento científico planteaba a la filosofía, sus fracasos, sus mismas recaídas, forman parte del drama teórico que vivió, en una soledad absoluta, mucho antes que nosotros, que comenzamos solamente a sospechar, bajo los signos de nuestro cielo, que su problema es nuestro, y por mucho tiempo, y que orienta todo nuestro futuro.  Solo, Marx buscó aliados y apoyo a su alrededor: ¿quién puede reprocharle haberse apoyado en Hegel?  Por nuestra parte debemos a Marx el no estar solos: nuestra soledad no se debió más que a nuestra ignorancia de lo que Marx había dicho.  Es a ella a la que hay que acusar, en nosotros y en todos aquellos que piensan haberla superado, y no hablo sino de los mejores, cuando no están sino en el umbral de la tierra que él nos descubrió y abrió.  Le debemos incluso el ver en él sus debilidades, sus lagunas, sus omisiones: ellas concurren a su grandeza ya que retomándolas no hacemos sino retomar en su origen un discurso interrumpido por la muerte.  Sabemos cómo termina el tercer libro de El capital.  Un título: Las clases sociales.  Veinte líneas después, el silencio…Un silencio que nos grita, un silencio que nos convoca, un silencio que nos llama.  El COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA asume ese silencio, de a poco lo hace crecer, despacio lo va desparramando, lo confronta para crecer, lo ejercita en la práctica para equivocarse y aprender. 

 

 

        A CARLOS MARX toda la HISTORIA,

        o la Utopía como le llaman ahora,

        a CARLOS MARX toda la HISTORIA,

        EL SUEÑO DE MUCHOS ELEVADO A MULTITUDES.

 

 

                                       MAYO 2011-COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA.


martes, 4 de mayo de 2021

5 DE MAYO 1818 NACE EL REVOLUCIONARIO CARLOS MARX. ALGUNAS PALABRAS SOBRE "TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL"

CARLOS MARX: “TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL”.  O LA FUERZA DE TRABAJO COMO MERCANCÍA Y EL TIEMPO NECESARIO PARA PRODUCIR ESTA MERCANCÍA, LA TEORIA DEL VALOR.

 

…”el precio del trabajo se hallará determinado por el coste de producción, por el tiempo de trabajo necesario para producir esta mercancía, que es la fuerza de trabajo”.  Carlos Marx

 

“Trabajo asalariado y capital”.

 

Al decir de su amigo y Compañero Federico Engels, “Trabajo asalariado y capital” como texto corresponde a una serie de artículos editoriales en la "Neue Rheinische Zeitung", a partir del 4 de abril de 1849[1].  Diez años después vería la luz el primero fascículo de la "Contribución a la crítica de la Economía Política".  A la edición de 1849, el Camarada Engels le hace una fundamental adición o modificación del texto original del cuate Marx: “Según el texto original, el obrero vende al capitalista, a cambio del salario, su trabajo; según el texto actual, vende su fuerza de trabajo. Y acerca de esta modificación, tengo que dar las necesarias explicaciones. Tengo que darlas a los obreros, para que vean que no se trata de ninguna sutileza de palabras, ni mucho menos, sino de uno de los puntos más importantes de toda la Economía Política. Y a los burgueses, para que se convenzan de cuán por encima están los incultos obreros, a quienes se pueden explicar con facilidad las cuestiones económicas más difíciles, de nuestros petulantes hombres «cultos», que jamás, mientras vivan, llegarán a comprender estos intrincados problemas.”[2] (las negritas son nuestras en este párrafo y en los que vienen).

 

Es decir, el trabajador no vende “su trabajo” al capital, sino que arrienda su “fuerza de trabajo”, por un tiempo determinado, a través de un acto jurídico denominado contrato de trabajo.

 

Pasemos ahora de lleno a las tesis del Compañero Carlos Marx expuestas en su trabajo.

 

Lo económico como base de la lucha de clases.

 

Marx comienza su texto con la siguiente afirmación: “De diversas partes se nos ha reprochado el que no hayamos expuesto las relaciones económicas que forman la base material de la lucha de clases y de las luchas nacionales de nuestros días. Sólo hemos examinado intencionadamente estas relaciones allí donde se imponían directamente en las colisiones políticas”[3].  A través de “Trabajo asalariado y capital”, Marx busca sentar las bases de la relación entre lo económico y lo político, además, por supuesto, de lo ideológico, que es donde las personas perciben esa correlación.

 

Desde el punto de vista metodológico, Marx se plantea el siguiente objetivo: “La relación entre el trabajo asalariado y el capital, la esclavitud del obrero, la dominación del capitalista”[4].  Además, señala a quién va dirigida su obra: “Nos esforzaremos por conseguir que nuestra exposición sea lo más sencilla y popular posible, sin dar por supuestas ni las nociones más elementales de la Economía Política. Queremos que los obreros nos entiendan”[5].

 

Luego, Marx pregunta y responde: “¿Qué es el salario? ¿Cómo se determina? Si preguntamos a los obreros qué salario perciben, uno nos contestará: «Mi burgués me paga un marco por la jornada de trabajo»; el otro: «Yo recibo dos marcos», etc. Según las distintas ramas del trabajo a que pertenezcan, nos indicarán las distintas cantidades de dinero que los burgueses respectivos les pagan por la ejecución de una tarea determinada, v.gr., por tejer una vara de lienzo o por componer un pliego de imprenta. Pero, pese a la diferencia de datos, todos coinciden en un punto: el salario es la cantidad de dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo o por la ejecución de una tarea determinada”[6].

 

Se puede llegar a la siguiente conclusión: “Por tanto, diríase que el capitalista les compra con dinero el trabajo de los obreros. Estos le venden por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado. Con el mismo dinero con que les compra su fuerza de trabajo, por ejemplo, con los dos marcos, el capitalista podría comprar dos libras de azúcar o una determinada cantidad de otra mercancía cualquiera. Los dos marcos con los que compra dos libras de azúcar son el precio de las dos libras de azúcar”[7]. (el subrayado es nuestro). 

 

Sin embargo, debemos señalar que el capitalista no compra la fuerza de trabajo, sino que la arrienda, pues si la comprara, el trabajador se convertiría en un esclavo y recordemos que lo que más necesita el burgués es la “libertad jurídica del obrero”.

 

Luego, Marx define lo que es el precio del trabajo: “Los obreros cambian su mercancía, la fuerza de trabajo, por la mercancía del capitalista, por el dinero y este cambio se realiza guardándose una determinada proporción: tanto dinero por tantas horas de uso de la fuerza de trabajo. Por tejer durante doce horas, dos marcos. Y estos dos marcos, ¿no representan todas las demás mercancías que pueden adquirirse por la misma cantidad de dinero? En realidad, el obrero ha cambiado su mercancía, la fuerza de trabajo, por otras mercancías de todo género, y siempre en una determinada proporción. Al entregar dos marcos, el capitalista le entrega, a cambio de su jornada de trabajo, la cantidad correspondiente de carne, de ropa, de leña, de luz, etc. Por tanto, los dos marcos expresan la proporción en que la fuerza de trabajo se cambia por otras mercancías, o sea el valor de cambio de la fuerza de trabajo. Ahora bien, el valor de cambio de una mercancía, expresado en dinero, es precisamente su precio. Por consiguiente, el salario no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo que suele llamarse precio del trabajo, el nombre especial de esa peculiar mercancía que sólo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre”[8].

Y ahora Marx, resume cómo la fuerza de trabajo se subsume, se introduce en la producción de la mercancía, generando su VALOR: “Tomemos un obrero cualquiera, un tejedor, por ejemplo. El capitalista le suministra el telar y el hilo. El tejedor se pone a trabajar y el hilo se convierte en lienzo. El capitalista se adueña del lienzo y lo vende en veinte marcos, por ejemplo. ¿Acaso el salario del tejedor representa una parte del lienzo, de los veinte marcos, del producto de su trabajo? Nada de eso. El tejedor recibe su salario mucho antes de venderse el lienzo, tal vez mucho antes de que haya acabado el tejido. Por tanto, el capitalista no paga este salario con el dinero que ha de obtener del lienzo, sino de un fondo de dinero que tiene en reserva. Las mercancías entregadas al tejedor a cambio de la suya, de la fuerza de trabajo, no son productos de su trabajo, del mismo modo que no lo son el telar y el hilo que el burgués le ha suministrado. Podría ocurrir que el burgués no encontrase ningún comprador para su lienzo. Podría ocurrir también que no se reembolsase con el producto de su venta ni el salario pagado. Y puede ocurrir también que lo venda muy ventajosamente, en comparación con el salario del tejedor. Al tejedor todo esto le tiene sin cuidado. El capitalista, con una parte de la fortuna de que dispone, de su capital, compra la fuerza de trabajo del tejedor, exactamente lo mismo que con otra parte de la fortuna ha comprado las materias primas —el hilo— y el instrumento de trabajo —el telar—. Una vez hechas estas compras, entre las que figura la de la fuerza de trabajo necesaria para elaborar el lienzo, el capitalista produce ya con materias primas e instrumentos de trabajo de su exclusiva pertenencia. Entre los instrumentos de trabajo va incluido también, naturalmente, nuestro buen tejedor, que participa en el producto o en el precio del producto en la misma medida que el telar; es decir, absolutamente en nada”[9].

 

Y el genio de Tréveris remata: “Por tanto, el salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva”[10].

 

¿Qué significa el trabajo para el Trabajador?  Marx responde: “El obrero ni siquiera considera el trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida. Es una mercancía que ha adjudicado a un tercero. Por eso el producto de su actividad no es tampoco el fin de esta actividad. Lo que el obrero produce para sí no es la seda que teje ni el oro que extrae de la mina, ni el palacio que edifica. Lo que produce para sí mismo es el salario; y la seda, el oro y el palacio se reducen para él a una determinada cantidad de medios de vida, si acaso a una chaqueta de algodón, unas monedas de cobre y un cuarto en un sótano. Y para el obrero que teje, hila, taladra, tornea, construye, cava, machaca piedras, carga, etc., por espacio de doce horas al día, ¿son estas doce horas de tejer, hilar, taladrar, tornear, construir, cavar y machacar piedras la manifestación de su vida, su vida misma? Al contrario. Para él, la vida comienza allí donde terminan estas actividades, en la mesa de su casa, en el banco de la taberna, en la cama. Las doce horas de trabajo no tienen para él sentido alguno en cuanto a tejer, hilar, taladrar, etc., sino solamente como medio para ganar el dinero que le permite sentarse a la mesa o en el banco de la taberna y meterse en la cama”[11].

 

Marx plantea que el fin del feudalismo, de la Edad Media, produce al “obrero libre” jurídicamente, que vende o arrienda su fuerza de trabajo libremente por horas: “El trabajo no ha sido siempre trabajo asalariado, es decir, trabajo libre. El esclavo no vendía su fuerza de trabajo al esclavista, del mismo modo que el buey no vende su trabajo al labrador. El esclavo es vendido de una vez y para siempre, con su fuerza de trabajo, a su dueño. Es una mercancía que puede pasar de manos de un dueño a manos de otro. Él es una mercancía, pero su fuerza de trabajo no es una mercancía suya. El siervo de la gleba sólo vende una parte de su fuerza de trabajo. No es él quien obtiene un salario del propietario del suelo; por el contrario, es éste, el propietario del suelo, quien percibe de él un tributo. El siervo de la gleba es un atributo del suelo y rinde frutos al dueño de éste. En cambio, el obrero libre se vende él mismo y además, se vende en partes. Subasta 8, 10, 12, 15 horas de su vida, día tras día, entregándolas al mejor postor, al propietario de las materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida; es decir, al capitalista. El obrero no pertenece a ningún propietario ni está adscrito al suelo, pero las 8, 10, 12, 15 horas de su vida cotidiana pertenecen a quien se las compra”[12].

 

¿Y qué significa en los hechos esa libertad jurídica del Trabajador?  “El obrero, en cuanto quiera, puede dejar al capitalista a quien se ha alquilado, y el capitalista le despide cuando se le antoja, cuando ya no le saca provecho alguno o no le saca el provecho que había calculado. Pero el obrero, cuya única fuente de ingresos es la venta de su fuerza de trabajo, no puede desprenderse de toda la clase de los compradores, es decir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a su existencia. No pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clase capitalista en conjunto, y es incumbencia suya encontrar un patrono, es decir, encontrar dentro de esta clase capitalista un comprador”[13].

 

No olvidar: “El salario es, como hemos visto, el precio de una determinada mercancía, de la fuerza de trabajo. Por tanto, el salario se halla determinado por las mismas leyes que determinan el precio de cualquier otra mercancía”[14].  Y aquí Marx llega a la determinación de la existencia del monopolio como forma de abaratar el precio de las mercancías y como con ello logra quebrar, hacer inexistente la competencia, por lo tanto, el capitalismo no acepta la competencia, no puede sobrevivir con la competencia: “La misma mercancía es ofrecida por diversos vendedores. Quien venda mercancías de igual calidad a precio más barato, puede estar seguro de que eliminará del campo de batalla a los demás vendedores y se asegurará mayor venta. Por tanto, los vendedores se disputan mutuamente la venta, el mercado. Todos quieren vender, vender lo más que puedan, y, si es posible, vender ellos solos, eliminando a los demás. Por eso unos venden más barato que otros. Tenemos, pues, una competencia entre vendedores, que abarata el precio de las mercancías puestas a la venta”.

 

VALOR Y PRECIO, DOS ASPECTOS BIEN DISTINTOS, POR CIERTO.

 

Marx propone dos factores al interior del aparato productivo.  Uno es el valor de una mercancía, la otra es el precio de esta.  El valor surge al interior del proceso productivo, el segundo en la circulación de la mercancía: “Preguntemos al primer burgués que nos salga al paso. No separará a meditar ni un instante, sino que, cual nuevo Alejandro Magno, cortará este nudo metafísico [10] con la tabla de multiplicar. Nos dirá: si el fabricar la mercancía que vendo me ha costado cien marcos y la vendo por 110 —pasado un año, se entiende—, esta ganancia es una ganancia moderada, honesta y decente. Si obtengo, a cambio de esta mercancía, 120, 130 marcos, será ya una ganancia alta; y si consigo hasta 200 marcos, la ganancia será extraordinaria, enorme. ¿Qué es lo que le sirve a nuestro burgués de criterio para medir la ganancia? El coste de producción de su mercancía. Si a cambio de esta mercancía obtiene una cantidad de otras mercancías cuya producción ha costado menos, pierde. Si a cambio de su mercancía obtiene una cantidad de otras mercancías cuya producción ha costado más, gana. Y calcula la baja o el alza de su ganancia por los grados que el valor de cambio de su mercancía acusa por debajo o por encima de cero, por debajo o por encima del coste de producción”[15].

 

Veamos lo que pensaba la economía antes de que Marx viniese a poner orden: “Los economistas dicen que el precio medio de las mercancías equivale al coste de producción; que esto es la ley. Ellos consideran como obra del azar el movimiento anárquico en que el alza se nivela con la baja y ésta con el alza. Con el mismo derecho podría considerarse, como lo hacen en efecto otros economistas, que estas oscilaciones son la ley, y la determinación del precio por el coste de producción, fruto del azar. En realidad, si se las examina de cerca. se ve que estas oscilaciones acarrean las más espantosas desolaciones y son como terremotos que hacen estremecerse los fundamentos de la sociedad burguesa. son las únicas que en su curso determinan el precio por el coste de producción. El movimiento conjunto de este desorden es su orden. En el transcurso de esta anarquía industrial, en este movimiento cíclico, la concurrencia se encarga de compensar, como si dijésemos, una extravagancia con otra”.  Y hay quienes que todavía creen que el capitalismo es anarquía, desorden, en cuanto a la producción y su realización, cuando en lo concreto el capitalismo es planificación permanente y una planificación de largo alcance, que no deja nada al azar.

 

El tiempo socialmente necesario para producir una mercancía será la determinación del valor de la misma.  Con esto Marx arriba a su Teoría del Valor: “La determinación del precio por el coste de producción equivale a la determinación del precio por el tiempo de trabajo necesario para la producción de una mercancía, pues el coste de producción está formado: 1) por las materias primas y el desgaste de los instrumentos, es decir, por productos industriales cuya fabricación ha costado una determinada cantidad de jornadas de trabajo y que representan, por tanto, una determinada cantidad de tiempo de trabajo. y 2) por el trabajo directo; cuya medida es también el tiempo. Las mismas leyes generales que regulan el precio de las mercancías en general regulan también, naturalmente, el salario, el precio del trabajo”[16].

 

Marx se pregunta “¿cuál es el coste de producción de la fuerza de trabajo? Es lo que cuesta sostener al obrero como tal obrero y educarlo para este oficio…Por tanto, cuanto menos tiempo de aprendizaje exija un trabajo, menor será el coste de producción del obrero, más bajo el precio de su trabajo, su salario. En las ramas industriales que no exigen apenas tiempo de aprendizaje, bastando con la mera existencia corpórea del obrero, el coste de producción de éste se reduce casi exclusivamente a las mercancías necesarias para que aquél pueda vivir en condiciones de trabajar. Por tanto, aquí el precio de su trabajo estará determinado por el precio de los medios de vida indispensables”[17].

 

EL CAPITAL

 

Marx pasa revista a lo que considera capital, a su esencia.  Esta conceptualización es fundamental a la hora de apreciar el despliegue histórico del capital, del capitalismo, ya sea en sus inicios o en su fase superior que fuera conceptualizada por Lenin.  Recordemos que la primera fase del imperialismo se extiende cronológicamente entre 1880-1980, más o menos, y que luego de 1980-1990 se inicia la transición a la segunda fase del imperialismo con un capitalismo monopólico transnacionalizado que impera hasta hoy.  Es decir, lo iniciado entre 1980-1990 no es un nuevo modo de producción, sino que un nuevo patrón de acumulación a nivel planetario, el cual detuvo procesos industrializadores en la periferia y detuvo los estados de bienestar, poniendo énfasis en las ventajas comparativas, pero manteniendo la esencia del capital, es decir, su carácter monopólico y el aparato económico centralizado y concentrado.

 

“Las relaciones sociales en las que los individuos producen, las relaciones sociales de producción, cambian, por tanto, se transforman, al cambiar y desarrollarse los medios materiales de producción, las fuerzas productivas. Las relaciones de producción forman en conjunto lo que se llaman las relaciones sociales, la sociedad, y concretamente, una sociedad con un determinado grado de desarrollo histórico, una sociedad de carácter peculiar y distintivo. La sociedad antigua, la sociedad feudal, la sociedad burguesa, son otros tantos conjuntos de relaciones de producción, cada uno de los cuales representa, a la vez, un grado especial de desarrollo en la historia de la humanidad”.

 

Aquí un aspecto fundamental a la hora de promover una estrategia política de liberación humana y social; el capital es una relación social, no son cosas.  Confundir el capital, el capitalismo, con las cosas, es volver a creer que son las máquinas las culpables de la explotación humana.  Claro que no podemos obviar que el capitalismo glorifica las cosas, nos hace creer que vivimos en el mundo de las cosas, pero insistimos que el capital no es una cosa, es una relación social: “También el capital es una relación social de producción. Es una relación burguesa de producción, una relación de producción de la sociedad burguesa. Los medios de vida, los instrumentos de trabajo, las materias primas que componen el capital, ¿no han sido producidos y acumulados bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales? ¿No se emplean para un nuevo proceso de producción bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales? ¿Y no es precisamente este carácter social determinado el que convierte en capital los productos destinados a la nueva producción? El capital no se compone solamente de medios de vida, instrumentos de trabajo y materias primas, no se compone solamente de productos materiales; se compone igualmente de valores de cambio. Todos los productos que lo integran son mercancías. El capital no es, pues, solamente una suma de productos materiales; es una suma de mercancías, de valores de cambio, de magnitudes sociales. El capital sigue siendo el mismo, aunque sustituyamos la lana por algodón, el trigo por arroz, los ferrocarriles por vapores, a condición de que el algodón, el arroz y los vapores —el cuerpo del capital— tengan el mismo valor de cambio, el mismo precio que la lana, el trigo y los ferrocarriles en que antes se encarnaba. El cuerpo del capital es susceptible de cambiar constantemente, sin que por eso sufra el capital la menor alteración. Pero, si todo capital es una suma de mercancías, es decir, de valores de cambio, no toda suma de mercancías, de valores de cambio, es capital”[18].

 

BRIGADA DE PROPAGANDA MIR LUIS ALBERTO BARRA GARCÍA.

MAYO 05 DE 2021.



[2] Idem

 

[3] Idem

[4] Idem

[5] Idem

[6] Idem

[7] Idem.

[8] Idem

[9] Idem

[10] Idem

[11] Idem

[12] Idem.

[13] Idem

[14] Idem

[15] Idem

[16] Idem

[17]Idem

[18] Idem

 

sábado, 16 de mayo de 2020

LA NORMALIDAD: UN ARMA EFICAZ DE LA BURGUESÍA PARA MANTENER SU DOMINACIÓN.


LA NORMALIDAD: UN CONCEPTO PELIGROSO PARA EL CAMPO POPULAR QUE TENEMOS QUE COMBATIR.

"Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo" (en el original alemán: "Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kömmt drauf an, sie zu verändern").

"Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem, y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo.” Karl Marx, Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel.

O simplemente: “Yo prefiero el caos a esta realidad tan charcha” Mauricio Redolés.

HASTA EL 18 DE OCTUBRE DE 2019

Como una simple o genérica definición de normalidad es la cualidad o condición de normal o sea que se ajusta a las normas o que se halla en su estado natural.  En un sentido general, la normalidad hace referencia a aquel o aquello que se ajusta a valores medios.

Hasta el 17 de octubre de 2019 para millones había “democracia” en Chile, eso era lo normal.  Incluso dentro del mismo Campo Popular se escucha decir que “si se puede votar es porque existe democracia” (no nos detendremos en este punto, pues poner el acento en lo formal nos llevaría a tener que aceptar como normal muchas cosas).   Hasta esa fecha lo normal era llegar al día viernes para juntarse a beber y comer; ver las comedias; ver todas las series ofrecidas por netflix u otros servidores de ese servicio; esperar ver el partido de fútbol del fin de semana; lo normal era levantarse y acostarse pagando por Derechos Humanos fundamentales, inherentes al Ser Humano por el solo hecho de Ser Humanos; era normal aceptar la existencia de las Administradoras de Fondos de Pensiones, las ISAPRES; normal era tener una Educación con contenidos emanados desde un ministerio que sólo asegura la dominación de clase; normal era tener Educación y Salud como mercancías; normal era que todos los recursos naturales estén en manos de empresas trasnacionales; normal era contar con una democracia sustentada en una constitución política emanada de un bando militar; normal era la depredación de la Naturaleza; normal era los sueldos mínimos miserables, negociados por una central sindical al servicio de la patronal; normal era la impunidad; normal era…miles y miles de cosas, procesos, acontecimientos, factores…

Incluso ha sido tanta la normalidad, que ciertos procesos sociales dan cuenta, como ejemplo, de lo que queremos expresar: el surgimiento de la llamada Marcha desde la Memoria hacia la Victoria desde 2015, la que planteó hacer la marcha de recuerdo a los Compañeros y Compañeras caídos desde el 11 de septiembre de 1973 desde el cementerio general hacia la alameda contó con poco apoyo de asistentes y la otra, la marcha oficial, la normal, sigue siendo la más concurrida; o sea, la normalidad afecta también al Campo Popular.  Otro ejemplo, lo encontramos en las marchas del primero de mayo: en 2011 el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores comenzó a realizar la marcha alternativa, que en sus comienzos contaron con un puñado de asistentes y años más tarde logró arrebatarle la hegemonía a la CUT; sin embargo, después se volvió a la normalidad.

Al atardecer del 18 de octubre, y los días posteriores, se rompió la normalidad y se hizo añicos el quehacer cotidiano.  Cundió el pavor, el terror, no sólo entre la clase dominante, sino que entre la pequeña burguesía tan apegada a la normalidad.  Millones eran los que miraban con espanto, tal vez con un dejo de apoyo, a lo que estaba sucediendo: evadir el pago del metro y las micros; la expropiación, era romper la lógica de la dominación, era destrozar la normalidad.

El gobierno, el congreso nacional, reaccionaron de inmediato con la aplicación de la fuerza, la represión y con el viejo argumento de otorgar un espacio para resolver la crisis; el ya famoso chamullo constituyente, que busca que la normalidad vuelva.  A través de los medios de comunicación oficiales, entrevistando a cada momento a diputados, senadores, alcaldes, de todos los partidos políticos que en estos 30 años han sido cómplices y culpables de la injusticia y la impunidad, clamaban que era necesario volver a la normalidad y repitiendo como papagayos “que entendían las causas” de lo que estaba ocurriendo.

La frase y el juego era volver a la normalidad.  A su normalidad.  A la normalidad que nos somete a la explotación, la humillación y la exclusión.

Con la llegada del corona virus ha sucedido algo similar.  Incluso el gobierno y el congreso nacional se la jugaron a mediados de abril para generar el “retorno seguro”, o a la normalidad.  Se debía volver a consumir para que los grupos económicos no pierdan sus tasas de ganancia.

¿VOLVER A LA NORMALIDAD ENTONCES?

El 18 de octubre de 2019 se realizó una elección con todos los alcances e implicancias que ello posee.  Es decir, se manifestó, en forma concreta, la voluntad de millones que ya no queremos más la normalidad, la realidad, que el capitalismo, la burguesía y los peleles que en el escenario político le resguardan el poto (o sea, los partidos políticos de la derecha, la ex concertación hoy nueva mayoría, el frente amplio, unidad social y quienes en el Campo Popular languidecen con lo electoral, que lo único que hace es fortalecer al enemigo de clase).

No podemos volver a la normalidad, a la realidad, que se nos impuso a sangre y fuego desde el 11 de septiembre de 1973.

Tenemos que volver a las calles y no descansar hasta hacer trizas el Estado que nos somete.  Tenemos que volver a las calles y no aceptar como normal lo que veníamos aceptando como normal.  Tenemos un mundo nuevo en nuestros corazones como dice José Buenaventura Durruti Dumange.  Tenemos que volver a las calles, instalar la Primera Línea en cada una de las Poblaciones, construyendo organización popular y tener como Sur constituir un Gobierno genuinamente Popular, capaz de asegurar una Asamblea Popular Constituyente Plurinacional Paritaria Autoconvocada.

De lo contrario seguiremos viviendo una normalidad que sólo nos convierte en inhumanos.

Andrés Morales.
Mayo 16 de 2020